En el mundo de los negocios hay que estar listo para perderlo todo. ¡Todo! Antes, tenía miedo de quedarme sin nada de lo que tenía, hasta que me llegó a pasar. Los miedos siempre están para hacernos crecer. A mí me llegaron a hacer fraude, pero salí adelante. Aprendí de los problemas. Como empresario te arriesgas a ganar y a perder, a bajar y a subir.

Parte de ser un empresario es comprender que, un día, una mala decisión te puede llevar a la quiebra, desafortunadamente.

Fue relativamente hace poco que perdí muchísimo. Fue muy fuerte, pero, como le digo a todo el mundo: vas a repetir todas las veces que sean necesarias para que aprendas y crezcas. El fracaso es parte del aprendizaje.

Hace cinco años empecé con Foresta International School, sin ningún motivo de negocio, con el fin de brindar una buena educación a las nuevas generaciones. Teniendo en cuenta un beneficio a nuestra comunidad, al entorno y a la sociedad en general. De ahí en adelante todo lo que hago tiene una finalidad y un beneficio para los demás. Es erróneo pensar que no se puede ser empresario sin aportar un bien social.

Tras esta experiencia de fracaso, maduré, crecí, y me metí más en el área espiritual y de crecimiento personal. Pensé en qué le voy a dejar a mis hijos. Llegó un momento de replantearme mis objetivos. El dinero es un juego, parte del juego de la vida donde estamos en este plano material, donde tenemos que tener ese equilibrio y balance. Eso fue lo que me hizo cambiar el “chip”.

En esta pandemia, las estadísticas refieren que al menos un millón de empresas quebraron en el año 2020. Es decir, un millón de dueños de negocios tuvieron que cerrar las puertas porque, ante este escenario de cese de actividades, no supieron cómo seguir adelante.

Son un millón de historias de personas que buscaron darle movilidad al dinero y progreso para nuestro país. Detrás de las empresas hay gente que labora para llevar el pan a su hogar. Gente que sale a hacer su trabajo honesto para que sus hijos se sientan orgullosos de ellos.

La Encuesta sobre el Impacto Generado por COVID-19 en las Empresas 2020 (ECOVIDIE, segunda edición) indica que, de 4.9 millones de establecimientos micro, pequeños y medianos, sobrevivieron 3.9 millones (79.19 por ciento), lo que revela que el restante 20.81 por ciento cerró sus puertas de manera definitiva.

Son negocios que ya no volverán a abrir sus puertas y suman más de un millón de empresas mexicanas.

Por otro lado, el mismo estudio señala que en este periodo nacieron 619 mil 443 establecimientos, lo que representa el 12.75 por ciento de la población de negocios del país. Y detrás de ellos se encuentran, estoy seguro, historias muy interesantes.

Son personas que vieron en la crisis una oportunidad para salir adelante. Es posible que algunas de estas empresas se hayan reconfigurado para salir más fuertes en este nuevo contexto mundial.

Es cuestión de superar el miedo. Yo a veces hablo con mis hijos de esto y les digo: “Sacúdete, y hay que seguir adelante”. Las crisis son una oportunidad para renacer más fuertes. Recuerda que cualquier empresario que te diga que no ha perdido nada es porque no es empresario.