Un movimiento creado en redes sociales comenzó a crecer como “la espuma” desde hace días. 

La protesta comenzó por una iniciativa anónima que invita, de acuerdo con su página en Facebook “Estacionamiento libre”: “a terminar con el cobro excesivo en los estacionamientos de centros comerciales (actualmente llegando a 20 –pesos- la hora) totalmente injustificados e injustos con los clientes que acudimos a dichos centros”. 

La página, entonces, promueve que se deje de acudir a los centros comerciales del 31 de julio al 2 de agosto. 

Vayamos por partes. En primera, tendríamos que hablar de la costumbre social en que se han convertido los llamados “malls” –en inglés-. 

Si hay un sitio que se ha intercambiado por los espacios públicos son los centros comerciales. En ellos, no solamente se encuentra una diversidad de marcas para el consumo, también son los “nuevos parques” en donde bajo techo, baños limpios, clima y escaleras eléctricas, brindan el “confort” para la socialización.

Ahora los consumidores han dejado de ser minoría para más bien convertirse en usuarios de las plazas comerciales. Si utilizamos la lógica de la oferta y la demanda, entonces, el incremento está justificado en la explicación anterior. 

Obviamente, esto impacta negativamente en la demanda –usuarios- que no lo ven de la misma forma porque su economía familiar se ve afectada no sólo en su consumo y en la forma de esparcimiento en la que se ha convertido su consumo, valga el pleonasmo. 

Otra variable a considerar, que alimenta a la imitada costumbre de “pasear por el mall” muy al estilo de Estados Unidos, es el déficit de espacios públicos acondicionados para ser usados. 

Lo cual también incide en una cultura que está dispuesta a hacer la convivencia entre aparadores. ¿Podría ser esto una excusa para reinventar formas de convivencia y exigirlas en el espacio público? Esa es una pregunta pendiente.  

Pero no sólo eso. Estos desarrollos están obligados por Ley a tener cajones de estacionamiento. Desde la reglamentación y el concepto de diseño comercial de estos establecimientos no se imagina ni se promueve que los consumidores lleguen en otras formas de movilidad que no sea exclusiva de los automóviles. 

Los consumidores no van llegar caminando, en moto, en el transporte público, en bici… No. Los consumidores llegarán en su auto. 

Eso también hay que cambiarlo desde la reglamentación. De otra manera siempre habrá la oportunidad de tener más cajones que locales. 

Por un lado, me gusta la invitación que lanza esta iniciativa civil en el sentido de renunciar a la “burbuja” de la convivencia encerrada (si es que caminar viendo artículos que no podemos comprar se le llama convivencia).

Y más bien, como también menciona la página, “aprovechemos ese fin largo para salir de la ciudad, a parques, carnes asadas, estar con la familia o ver películas en casa”. 

Hasta ahí, creo que el punto se entiende como una rebelión necesaria que nos saca de la cultura arraigada del consumismo. 

Sin embargo, no estoy de acuerdo con la “libertad” del estacionamiento. Simplemente, porque los autos todavía constitucionalmente no tienen derechos. Son los consumidores los que deben negociar la tarifa con lo privado apelando a la ley de oferta y demanda. 

Debe existir una tarifa. No puede ni debe ser gratis. Quien tiene un automóvil asume obligaciones privadas y públicas de las cuales tiene que asumir los costos. 

En otros países de primer mundo (primero, no Estados Unidos) las políticas desde lo público y privado están siendo orientadas a estimular el uso de otros medios de transporte y limitar el uso excesivo del automóvil. 

¿No quiere pagar estacionamiento por los servicios que le ofrece una plaza comercial? “Negocie” como demanda y también promueva otras alternativas de tránsito que beneficien a la colectividad.

Hoy, el uso excesivo de los carros está generando problemas más graves que el alza en los estacionamientos, está causando enfermedades cardiorrespiratorias y otros problemas sociales en la ciudad más contaminada de México: la Zona Metropolitana de Monterrey.