Particularmente en esta generación se habla todos los días del mundo del “emprendimiento”. Desde mi punto de vista, se abusa sobremanera de este concepto, pues es un hecho que no todos podemos ser emprendedores.

Varias veces me ha tocado invitar a mis programas de radio a diversas personalidades de este mundo de la independencia laboral y es una constante que dicen que el planeta entero debería de probar las mieles de tan atractiva idea.

Ni tardo ni perezoso, invariablemente les rebato la idea sosteniendo categóricamente que eso es imposible, a lo que responden con un dejo de desprecio: “por supuesto que todos podemos emprender y triunfar” (lo que piensan — y que seguro se quedan con ganas de decirme — es que soy un burro antediluviano y con pocas aspiraciones).

En la última entrevista polemicé sobre el tema preguntando si los emprendedores tenían empleados, a lo que contestaron obviamente que claro que sí. Luego entonces, continué, ¿por qué esos subordinados no emprenden? Al final de la plática, ya con cierto malestar de mis invitados, concluí que hay gente que no nació, ni tiene el talento, ni lo tendrá, para que le vaya bien en ese mágico mundo empresarial.

Uno de los diálogos más famosos de Aristocles, mejor conocido e inmortalizado como Platón, es sin duda “La República”. Esta extraordinaria obra, en uno de sus diez libros, habla precisamente de los talentos en un hermoso periplo para llegar a la feliz conclusión de que “zapatero a tus zapatos” (en palabras de la sabiduría popular mexicana).

No quiero desanimar a gente alguna. Lo que pretendo es que “le midamos el agua a los camotes” y busquemos el camino financiero que nos permita con menor dificultad allegarnos de recursos para mantener una vida estable y de buena calidad. Sin dejar de probar la alternativa de ser emprendedor, si es que en algún momento te revolotea por la cabeza, ten presente que si fracasas no deberás de frustrarte, sino seguir buscando conforme a tus habilidades y talentos lo que realmente te lleve al éxito, entendiendo como tal el alcanzar satisfacción personal de la mano con estabilidad financiera.

Muchos nacimos para ser “godínez” en alguna empresa — o académicos, profesionistas independientes, etcétera — y no tiene nada de malo que lo seamos si lo hacemos bien, con pasión y con miras a contribuir a la sociedad entera. De esta forma, la ganancia es completa.

Descubre tu verdadera vocación y talento, sé fiel a ti mismo y seguro triunfarás.

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.