Termino la semana participando en un panel de estudiantes de derecho, “¿Cuál es el reto después de la paridad?”. Gran pregunta que amerita que reflexionemos en la lucha histórica porque las mujeres no sólo podamos votar y ser votadas.

Les comparto que cuando cerré mi campaña en 2018 construimos una frase: “si llega una, llegamos todas”. Sólo había la posibilidad de, entre los tres senadores por Nuevo León, tener una sola senadora mujer. Algunos analistas se atrevieron a afirmar que, de hecho, en nosotras sobre las dos fórmulas que iban en el puntero, recaía el “gane”.

En perspectiva, me parece que las mujeres que llegamos al poder tenemos una gran responsabilidad, no sólo por la representación que tenemos ya de por sí por el cargo. De hecho, la actual Legislatura del Senado de la República es resultado de la reforma política del 2014 y, por tanto, es el primer Senado paritario de México. Esto quiere decir que la responsabilidad es todavía mayor.

Hoy, en una reflexión que quiero compartir a quienes me leen, entiendo que no estamos todas. Si bien existe la representatividad nos faltan las mujeres a las que el sistema patriarcal ha excluido, violentado en derechos, o bien, que siguen confrontando en sus circunstancias esas brechas de desigualdades muy profundas.

El reto es enorme y asumirlo es futuro. Esto va más allá de los espacios. Tenemos que entender que si bien el principio de paridad es importante, más lo será conforme avancemos en su observación desde cualquier trinchera, es el poder tener la perspectiva de la inclusión en la representatividad. De tal forma que como diría la feminista Angela Davis, que la política no deje fuera no sólo a las mujeres por razón de su género, sino a las mujeres que tienen que romper más techos de cristal que las demás. Lo cual significa que el reto es todavía más grande y que nos compete a todos y a todas hacerle frente a esas desigualdades que vivimos las mujeres en México.

Entre la magnitud de lo que significa saber que no estamos todas, hay vislumbres de lo que se puede hacer desde cualquier espacio para que esto sea posible.

El género en sí mismo no es suficiente. Mujeres y hombres con perspectiva de género es lo que necesitamos, porque más allá de llegar, hay que cerrar esas brechas que tanto cuestan. Estamos en un momento histórico en donde podemos hacerlo. Romper esos paradigmas para seguir avanzando en lo que es: un presente femenino pero de “pisos parejos” para todas.