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Hoy empezaré por recordarte que la definición de felicidad es CERO sufrimiento.

¿Cuántas veces lloraste por amor y te dijeron: “no te preocupes ya llegará alguien que te hará feliz”?

Desgraciadamente la cultura nos ha metido en la cabeza que existe ese alguien que va a llegar a darnos la felicidad. Si desde un inicio nos hubieran enseñado que esta se consigue única y exclusivamente a través de nosotros mismos, nos olvidaríamos de las expectativas, dejaríamos de condicionarla a algo o alguien y seríamos personas felices compartiendo solo felicidad.

No te quiero decepcionar, pero no existe una sola persona en el mundo capaz de hacer feliz a otro. Lo bueno es que tampoco existe una persona capaz de hacer infeliz a alguien más. 

Al esperar que alguien venga a hacerte feliz estás entregando una gran responsabilidad al otro; estás esperando que él te de algo que tú mismo no te puedes dar.

Es imposible que dos personas infelices se unan y encuentren la felicidad. Si una persona feliz se junta con una infeliz, lo que va a pasar es que la persona feliz va a aprender a aceptar la infelicidad de su pareja. 

Cuando te relacionas con personas que son infelices y tú no has aprendido a cuidar tu energía, lo que te va a ocurrir es lo que le pasa a una calculadora que tiene poca batería, su funcionamiento no es el mismo. Tú, al igual que la calculadora, vas a empezar a tener fallas por la baja de energía. 

Todos los seres humanos venimos a desarrollar tres virtudes para poder relacionarnos exitosamente, si lo hacemos tendremos una vida totalmente satisfactoria, dice Gerardo Shmedling.

Estas virtudes son: aprender a ser feliz, aprender a mantener la paz interior y aprender a servir sin condición.

Teniendo esto como base, es fundamental para una pareja armónica tener compatibilidad mental. Recuerda que vas a convivir con una mente, no con un cuerpo físico. Si no existe compatibilidad mental, la física se termina. 

En toda relación se necesitan hacer acuerdos y establecer compromisos en base a éstos. Si las personas pueden ponerse de acuerdo son compatibles, si no pueden no lo son. Entre más desacuerdos solucionados, más crecimiento habrá en la pareja.

Si realmente deseas tener una relación saludable, debes estar dispuesto a aceptar a la otra persona tal y como es. Cada uno tiene la capacidad de transformación y cambio, pero debe ser individual y no forzado. 

Cada uno tendrá su proceso y éste se debe respetar. 

Es imposible cambiar a otro pues el cambio solo se da cuando la persona por sí misma decide hacerlo. 

Por ultimo, la admiración es otro punto muy importante. Si la persona siente admiración aunque no esté enamorada, puede llegar a enamorarse, pero si una persona está enamorada y no reconoce y admira a su pareja, en muy poco tiempo ese sentimiento desaparecerá. 

Siempre será más fácil aceptar, atender, hacer acuerdos, servir, apoyar, comprender,  y amar a quien elegimos ver lleno de virtudes, a quien vemos con admiración y respeto; ver a la persona y recordar sus cualidades nos ayuda a mejorar la relación, pero jamás será ella la responsable de tu felicidad. Que seas feliz siempre va a depender de ti.

Si no eres feliz, no culpes a tu pareja, mejor pregúntate qué estás haciendo tú para sentirte desdichado.