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Opinión

Para intentar ilustrar el acontecer en México vemos que es donde los tres niveles de gobierno consideran que detentar el poder o gobernar, es someter, acosar y reprimir a quienes con el voto los convirtieron en autoridad, más no en patrones porque la República Mexicana no es una empresa, y sin embargo los ciudadanos fueron obligados a ver un partido de futbol en el que uno de los protagonistas fue el equipo América, propiedad de Televisa.

Esto fue en la capital neolonesa, donde los Rayados del Monterrey  recibieron al equipo de uno de los poderes fácticos de este país. Ocasión que pudo confirmar que la competencia es desigual, como lo es en el sistema de partidos políticos, sobre todo cuando se trata de procesos electorales.

Los siguientes datos, de encontrar algún parecido entre el futbol y la política, se podría hablar de meras “coincidencias” o “casualidades”:

El PRI, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Instituto Nacional Electoral, el Poder Ejecutivo y el Legislativo, son en política, lo que la Federación Mexicana de Futbol, la Comisión de Árbitros, la Comisión del Jugador y la Liga Premier MX, son en el futbol.

Pareciera trivial la comparación. Sin embargo, hay mucho de verdad en el símil.

En este esquema, no de hoy, sino desde hace décadas, el PRI es el América o el América es el PRI. Porque en política y en futbol  ambos tienen todas las ventajas en la “competencia” en la que se enfrascan con sus adversarios.

Así, el priismo de César Camacho, convertido en gobierno, cuenta con el apoyo incondicional, primero, del INE que ahora administra Lorenzo Córdova; luego del TEPJF, de José Alejandro Luna Ramos; posteriormente, de la SCJN, a cargo de Juan Silva Meza, cuyas decisiones han dejado mucho qué desear.

Las Cámaras de Diputados y de Senadores, no hoy, sino desde  hace décadas, funcionan a manera de red protectora del gobierno establecido y así por el estilo.

Es decir, el Revolucionario Institucional tiene todas las ventajas y protección en la estructura del sistema político (basado en manipulación de masas). 

No se debe pasar por alto que cuando el PRI y sus gobernantes cometen una violación al reglamento (leyes de cualquier tipo), simplemente son amonestados y en contadas ocasiones se les muestra la tarjeta roja por juego violento, represión, corrupción, tráfico de influencias y/o el acostumbrado abuso de autoridad.

Van ejemplos: un ganadero convertido en gobernador de Tlaxcala, Mariano González Zarur, acusado de represor, de violento y de raros manejos en las finanzas estatales; recién dos de sus guardaespaldas asesinaron a una persona en esa entidad.

Tres casos han sido de tarjetas amarillas disfrazadas de rojas (por corrupción). Dos, se encuentran en la Torre Médica del penal de Tepepan, gozando de merecidas vacaciones, porque Elba Esther Gordillo debería estar en la cárcel de Santa Marta Acatitla y Andrés Granier, no se encuentra en ninguno de los penales de Tabasco.

Otro, Humberto Moreira, gran bailarín de la quebradita, exmandatario de Coahuila, exlíder del PRI, hoy es becario en Cataluña, y pese al desfalco multimillonario en ese estado, no lo ha tocado ni el pétalo de una rosa.

César Duarte Jáquez, Chihuahua, ha sido denunciado (30 de septiembre) por hechos en perjuicio del patrimonio de la entidad; el secretario de Hacienda estatal, Jaime Ramón Herrera Corral, fue señalado por lo mismo; de la acusación que pesa sobre él, acerca de utilizar fondos públicos para invertirlos en una institución bancaria, se ha apostado al clásico carpetazo.

Carlos Lozano de la Torre, Aguascalientes, se ha convertido en cómplice por omisión, pues desde el 30 de septiembre del 2012  hay 36 denuncias ante la Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas contra funcionarios de la pasada administración estatal del panista Luis Armando Reynoso Femat, y dos años después no existe la aplicación de justicia.

El 3 de octubre de 2012, Miguel Alonso Reyes, gobernador zacatecano, fue acusado por el diputado local perredista, José Juan Mendoza Maldonado, de haber comprado cinco inmuebles entre los que se encuentra un rancho de 35 hectáreas valuado entre 15 y 20 millones de pesos. Hasta ahora no hay una investigación al respecto.

Todos estos casos inexplicablemente no son observados por las autoridades judiciales correspondientes.

Normalmente así se comportan los jueces o árbitros con los que detentan el poder. Es parte de la impunidad y de la inmunidad oficiales.

Continuando con este símil trivial de protecciones, llegamos al PRI del futbol mexicano. Es decir, al América, con José Romano y Ricardo Peláez, al frente.

En cualquier partido en el que participe el América se observa lo siguiente: los comentaristas Javier Alarcón, Raúl Sarmiento, Francisco Javier González, Jorge Sánchez, entre muchos otros, obvio, hablan divinidades del equipo de marras (manipulación de masas), aunque vaya perdiendo. Idéntico a lo que sucede con el PRI, pese a que se está cayendo la casa.

El “dueño” del balón, Justino Compéan, y su fiel colaborador, Decio de María Serrano, reciben órdenes para que ellos las repitan a la Comisión de Jugador, a la Comisión de Árbitros, a la Comisión Disciplinaria, Comisión de Apelaciones, etc., etc.

Más o menos como ocurre en el sistema político mexicano, donde muchos jueces, magistrados, autoridades del INE, de la Secretaría del Trabajo y del Trife, no se atreven a ir contra los intereses del stablishment o dueños del dinero y del poder político.

El PRI de la Liga MX o el América, tiene a los jueces o árbitros a su favor. Sería aventurado que se afirme que en México se “arreglan” partidos. Que se  tiene que buscar a ciertos jugadores para que el América gane, de ninguna manera.

Por lo visto y observado el pasado 4 de diciembre en la capital regiomontana (Monterrey contra América), se atestiguó que el árbitro o juez, Fernando Guerrero, con sus asistentes, conocidos como abanderados, Héctor Manuel Delgadillo y Jesús Sevilla, desde el

inicio de este encuentro se dedicaron a acosar, a presionar y a desesperar a los jugadores que los americanistas tenían enfrente. Este acoso llegó a su clímax cuando el señor Guerrero amonestó al joven Mier por “agredir” a uno del PRI, perdón, quise decir del América.

Posteriormente, vendría la expulsión de Mier por “lastimar” a un porro o golpeador disfrazado de futbolista, de nombre Oribe Peralta (más o menos como los infiltrados en las marchas y protestas que exigen justicia por el caso Ayotzinapa); lo curioso es que uno de esos jueces o árbitros, en un encuentro anterior no amonestó al golpeador Peralta por usar violencia excesiva contra del portero de Los Pumas, pese haberle luxado el hombro.

El priismo y el americanismo viven y gozan en la impunidad.

Esto es más o menos lo que acontece en la política nacional, donde un exgobernador priista converso al perredismo, Ángel Heladio Aguirre Rivero, no es motivo de investigación por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, porque no se quiere ver la estrecha relación que tuvo con la expareja municipal de Iguala.

Insistimos, en el país no hay arreglos de partidos de futbol, simplemente hay que hablar con los árbitros para la inducción de resultados, principalmente, cuando el América es partícipe.

En el caso de la vida político-electoral, también se hace indispensable el acercarse a los jueces o magistrados del TEPJF o a las autoridades del otrora IFE, hoy convertido INE, para que como en las peleas de gallos, se proclame o exclame ¡usted ganó… usted perdió!, nosotros agregaríamos ¡y hágale como quiera! Los jilgueros oficiales harán lo suyo para la manipulación de masas.

Y así como satanizan a quienes se atreven a golpear a un jugador americanista, en política los diputados priistas, y sus satélites, criminalizan a quienes no están de acuerdo con el statu quo.

De ahí que el 2 de diciembre, en el momento más inoportuno por lo que se vive en materia de protestas en el país, con 292 votos a favor, una abstención y 100 en contra, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó las reformas a los artículos 11 y 73 de la Constitución, con lo que se otorgará el derecho de movilidad universal a toda persona, con lo que, aseguraron, se atiende los principios de igualdad, accesibilidad, disponibilidad y sustentabilidad (…)

Lo anterior es satanizar o criminalizar la protesta social.

Manlio y Gamboa, contrapeso del CEN tricolor

Los ganones en el rio revuelto actual, son Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa.

Va la lista:

En Sonora, Beltrones trae de la mano a la senadora Claudia Pavlovich; para esa entidad Gamboa pastorea a su colega Ernesto Gándara. 

En Guerrero, Manlio sigue aferrado con Manuel Añorve; en Nuevo León, Beltrones quiere imponer a Héctor Gutiérrez de la Garza o a Pedro Pablo Treviño Jr., mientras Emilio engaña a Ildefonso Guajardo y a las senadoras Cristina Díaz e Ivonne Álvarez.

Para Campeche, Gamboa quiere engordar de última hora al senador Aarón Pozos Lanz; y en Baja Sur, Gamboa busca la imposición del senador Ricardo Barroso.

A todo lo anterior, ¿qué hace o qué dice César Camacho, dirigente priista? Emilio y Manlio, no tienen llenadera.

O la Cámara de Diputados y de Senadores se han convertido en el contrapeso o verdadero poder en el PRI nacional, o ambos legisladores creen despachar en la Secretaría de Gobernación. 


* Esta opinión no refleja la del periódico

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