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Opinión
Índira Kempis

Conozco a la directora de Womerang, Norma Cerros, desde hace algunos meses. De ella fue la primera vez que entendí exactamente qué significa la brecha de desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Con datos globales contundentes, Norma quizás es una de las pocas mujeres que se atreven a poner el “dedo en la llaga” sobre algo que parece no existir en un mundo postmoderno, donde las mujeres hemos ingresado al campo laboral, pero que es real.

Islandia es uno de los países avanzados y de los primeros en reconocer que la brecha existe y que debe cerrarse. Las mujeres islandesas salieron a protestar, después de darse cuenta que debido a un cúmulo de factores ganaban entre un 14 y 20 por ciento menos por hora trabajada que los hombres, con los mismos estudios y en el mismo puesto. Entre 2016 y 2017 organizaron marchas en el país para presionar en que se establecieran leyes y políticas públicas que las pusieran en igualdad de circunstancias.

Lamentablemente, el machismo que ciega a quienes piensan que deberíamos dedicarnos única y exclusivamente a las tareas del hogar, no deja ver que las mujeres en el desarrollo profesional trabajamos doble (precisamente, por el trabajo en casa), nos embarazamos –si es que lo decidimos–, somos “condescendientes” con nuestros salarios (tenemos, por el mismo machismo, menos habilidades de negociación) y un sin fin de cosas más que contribuyen a que exista esta diferencia.

Por eso, cuando hablamos de brecha salarial no nos referimos únicamente al sueldo, sino a esa cúmulo de factores que hacen que los empleadores o reclutadores vean en las mujeres desventajas, o bien, no les permitan tener mayores oportunidades de crecimiento laboral o de sueldo, según sea el caso.

Estoy, como muchas mujeres –y hombres también– convencida de que los ingresos y la economía familiar de las mujeres es la raíz de nuestras libertades e independencia. Muchas de nosotras mantenemos en parte o gran medida nuestros hogares o incluso otras familias a nuestro cuidado.

Es momento, en tiempos de necesaria igualdad que México también esté a la altura de las circunstancias.

De acuerdo con el último reporte del World Economic Forum (WEF) de 2018, la brecha de género tardará aproximadamente 108 años en cerrarse, en general, y en el rubro económico (donde se encuentra lo relativo a los salarios), tardará 202 años en cerrarse.

Los últimos datos que tiene la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) muestran que México ocupa el lugar 20 de 41 países en el ranking, al tener una brecha salarial de género del 11.10 por ciento, mientras que el promedio de la OCDE es de 13.80. En 2013, la brecha en México era de 15.43 por ciento; en 2014, subió a 18.30; en 2015 bajó a 16.67 y en 2016 volvió a bajar, a 16.49 por ciento; así hasta llegar a 2017 que son los últimos datos que se tienen.

Por eso mismo, cuando Norma llegó a la oficina a proponerme lanzar una iniciativa para abrir la discusión y reformar lo correspondiente, ¡No lo dudé!

Algo tenemos que hacer. Como he insistido, esta iniciativa #equalpayMX o #equidadsalarialYA no es para que ganemos más que los hombres ni para ganar sin merecerlo o sin talento. Es simplemente, un cúmulo de acupuntura legal que permitiría con ciertas obligaciones específicas disminuir esa brecha salarial.

Concretamente, en esta Iniciativa buscan reformarse siete leyes:

  1. Ley General para la Igualdad entre Hombres y Mujeres
  2. Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación
  3. Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia
  4. Ley Federal del Trabajo
  5. Ley Orgánica de la Administración Pública Federal
  6. Ley del Instituto Nacional de las Mujeres
  7. Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública

En el Senado de la República hay algunas iniciativas similares y coincidentes. En la Cámara de Diputados, también. Consideramos que podemos poner el “piso parejo” en un tema que tiene que ver con nuestra realidad económica.

En un acto de justicia social, ya hemos puesto el ojo en el debate público. Queremos hablar y hacer lo posible por cerrar la brecha salarial.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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