“La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas y la gente mediocre habla de los demás”.

Nadie lleva un letrero que diga cómo esta su corazón o qué hay detrás de su actitud y sus acciones, en realidad desconocemos su historia, hace falta observar, percibir y analizar, pero normalmente es más fácil juzgar y criticar, porque es más simple para la gente basarse en sus percepciones que ver la verdad en cada ser. 

Nos han enseñado que la gente que critica es: por envidia, porque se proyecta o por inseguridad. Nos dijeron que con la vara que mides serás medido, que no debemos juzgar a los demás para no ser juzgados y que no hay que mirar la paja del ojo ajeno sino la viga en el propio. Pero a muy pocos nos alertaron sobre las consecuencias que  trae a nuestra vida hablar mal de los demás.

¿Se han fijado que la gente que más critica es la que está más insatisfecha con su vida y generalmente critica algo que ella misma hace? Esto es porque quien tiene conflictos internos necesita experimentar conflictos externos.

 Siempre que criticamos es porque estamos molestos, porque juzgamos que la otra persona no está actuando de la manera que creemos correcta. 

No nos damos cuenta de que le estamos dando realidad solamente a una idea que no hemos podido soltar.

La otra persona no nos esta haciendo nada, pero lo que en realidad nos molesta es el juicio que estamos haciendo de lo que hace y ese juicio a la única persona que afecta es a mi.

Cuando criticamos estamos mandando una orden al inconsciente de que nosotros podemos ser juzgados por lo mismo y esto se convierte en un decreto, porque todo lo que sale de nosotros recoge energía similar en el camino y regresa a nosotros multiplicado. 

Cada crítica es un rechazo, significa que no estoy aceptando las cosas como son, que no estoy fluyendo y en ese momento no soy feliz, porque una persona feliz no critica.  

Al juzgar dejamos de ser libres, estamos reforzando todos los prejuicios que nos siguen enganchando a una sociedad enferma.

La crítica genera una energía muy densa y negativa que de cierta manera nos contamina ¿Has salido de reuniones donde se habla de puro chisme y llegas a tu casa sintiendo que te pasó un tren por encima? Hasta la simple llamada de un amigo para hablar mal de otro te puede dejar sin energía.

Partiendo de que todos somos uno, cualquier golpe energético que das en contra del otro te lo das a ti mismo y más aún cuando éste golpe le causa daño.

¿Cuántas veces te pidieron información de una persona y por tu juicio diste una mala referencia y a causa de eso se quedó sin el trabajo, sin amigos o sin una relación? ¿Cuántas veces has generado pleitos, chismes, distanciamientos o incluso desgracias con tus comentarios negativos? ¿Cuántas más has hablado mal de alguien sin que te conste lo que estás diciendo?

Nunca nos damos cuenta del daño que podemos hacer con la boca hasta que el daño está hecho y lo peor es que nos lo hacemos a nosotros mismos pues todo se regresa. Es como escupir al cielo, tarde o temprano cae de regreso. 

Como dato interesante, el 70 por ciento de la gente que juzga por un error es porque lo comete y el 30 por ciento lo quisiera hacer. 

¿Te has puesto a pensar que de no ser por un error que cometiste no hubieras llegado a donde estás, ni serías la persona que eres? Los errores son las bendiciones más grandes cuando aprendemos la lección. 

Son los puentes que tenemos que cruzar para llegar al despertar de nuestra conciencia. Para conocer la luz tuvimos que haber conocido primero la oscuridad. 

Estamos en la escuela de la vida, y reprobar materias no nos hace malas personas merecedoras de ser enjuiciadas. Entre más te ames y valores tus decisiones, menos te va a importar lo que digan los demás.

Si estamos dispuestos a soltar todos los juicios y comenzamos a ver a los demás inocentes, entonces podremos ver la inocencia en nosotros mismos y experimentaremos nuestro verdadero ser. 

Mantengamos una neutralidad sabia, dejemos que la voz del Espíritu corrija nuestra percepción, elijamos amar en lugar de juzgar y así encontraremos la paz. 

Como dice el dicho, “Cuando quieras conocer una persona no escuches lo que los demás dicen de ella, escucha lo que esa persona dice de los demás”.