Hay un mexicano migrante diferente a aquel que busca salir de la pobreza extrema en la que se encuentra.  Este mexicano tiene recursos, tiene educación, trabajo, una vida “acomodada”, aun así decide tomar las maletas y cruzar al otro lado en busca de algo, que ni siquiera con recursos puede tener en este país: una educación especial.

No hay cosa más difícil para una familia que un hijo sea diagnosticado con algún trastorno neurológico, como lo es el autismo.

En este país los niños son relegados de los sistemas educativos. Las familias tienen que costear solas las terapias conductuales y los maestros sombra, que se recomiendan para este tipo de trastornos. Es por eso que quien tiene tantitos recursos, muda su vida a Estados Unidos, donde el sistema educativo público está obligado a incluir a todo niño, sea cual sea su condición. 

Es la otra cara del migrante mexicano.

El autismo es la discapacidad de más rápido crecimiento, la que genera más estrés en la familia y la que cuesta más, así lo expresa Guillermo Vela, presidente de Autismo ABP, una asociación que surge para investigar las causas del autismo y poder identificar tratamientos efectivos en el mundo.

Según el Instituto de Salud en Estados Unidos 1 de cada 88 personas tiene algún tipo de trastorno dentro del espectro del autismo, este número aumenta a 1 de cada 66 en Reino Unido y 1 de cada 38 en Corea del Sur.

Hay una relación en el aumento de los casos de autismo con el aumento de las vacunas aplicadas a los niños antes de los 6 años de edad, las cuales se han triplicado en los últimos 30 años. Sumamos el uso de Timerosal, un conservador para vacunas a base de mercurio desarrollado en 1930, que se ha encontrado es tóxico y causa muerte celular. 

Muy pocos gobiernos están tomando cartas en el asunto. Tenemos que reconocer el gran negocio que son las vacunas y entender que las farmacéuticas son de las industria más rentable del mundo.

Pero es trabajo de nuestros senadores y diputados defendernos y defender a los niños de México. Hacer algo a respecto.

1. Prohibir las vacunas que usen Timerosal como conservador.

2. Revisar el número de vacunas y retirar aquellas que atenten contra la vida del menor.

3. Revisar el calendario de aplicación de vacunas, principalmente aquellas que se administran antes de los 2 años de edad. 

4. El Estado tiene la obligación de contar con sistemas de educación especial dentro del sistema público. Ofrecer las terapias conductuales y maestros especializados, para incluir a estos niños al rol de su comunidad comenzando en la escuela.

La estadística es alarmante, pero no más que tener un hijo sano, verlo cambiar de repente y perderlo. 

Si usted nota algún comportamiento anormal en su pequeño, visite Autismo México, padres en busca de soluciones para aquellos que viven un trastorno neurobiológico en casa. www.autismomexico.com

Ahí encontrará ligas de asociaciones en diferentes estados de México.