Entré emocionado a la oficina de mi jefe aquella mañana. Era mi primer mes como reportero de la sección financiera del periódico y traía entre las manos lo que consideraba una “gran historia”: un empresario que lo perdió todo en 1985 me contó cómo logró rehacer su compañía y llevarla a todo el mundo.

Traía el texto impreso en unas hojas y se lo entregué al editor. Las manos me sudaban, pues eran mis inicios en este oficio y quería dejar buena impresión. Mi jefe le dio un vistazo, volteó a verme y se quedó callado unos segundos que se me hicieron eternos. Luego, soltó una carcajada y me dijo: “¡No, mi estimado! Esto no sirve para el periódico. Las únicas noticias que importan son las malas noticias”.

Fue una lección dura, pero con el tiempo entendí que la misión de los medios era hablar de todo lo que está mal en el mundo: de los abusos, de las injusticias, de las crisis.

Han pasado más de 20 años desde aquella mañana y hoy, mirando desde fuera, me doy cuenta del daño que este “enfoque noticioso” le hace a los líderes de negocios y a todas las personas del mundo.

Me explico. Si cualquier persona se informa a través de los medios y las redes sociales, se encontrará con un mundo en caos, en medio de muchos desastres. Lo único que podrá sentir es miedo, angustia y estrés.

Y no es para menos. Lo que podemos saber del mundo es que llevamos casi dos años en medio de una pandemia que no se acaba, con miles de muertos y millones de contagiados. Además, el cambio climático cada vez nos muestra más los estragos que vendrán: ciudades inundadas, incendios masivos, mares contaminados, escasez de agua. Pero ahí no para la cosa. Los mexicanos tenemos varios extras: gobiernos corruptos, políticos ineptos, narco y delincuencia organizada, feminicidios… Y puedo seguir con estas “noticias” y llenar decenas de páginas, pero aquí le paro.

La pregunta obligada que tenemos que hacernos es: ¿Esta es la realidad o es solo una visión parcial de ella?

No sé cuál será tu propia respuesta, pero creo que ya sabes cuál es la mía. Para mí, que llevó casi cinco años contando las historias de mujeres y hombres emprendedores en varias partes de nuestro México, lo que reportan los medios es apenas el cinco por ciento de la realidad. Para mí, 95 por ciento de la realidad (que no aparece en los medios) está formada por seres humanos que se levantan todos los días, enfrentan los problemas, obstáculos y crisis, y salen a dar lo mejor de sí mismos con el objetivo de llevarles de comer a sus familias, de dar empleos, de resolver algún problema, de satisfacer alguna necesidad, de contribuir a construir un mundo mejor.

Puedes pensar que solo soy un optimista idiota, pero estoy seguro que, si miras bien a tu alrededor, podrás ver lo mismo que yo. Mientras exista gente con el propósito de hacer el bien, este mundo tiene futuro y hay esperanza.

Como dijo Platón: “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.” Así que no te angusties. Somos más, muchos más los buenos. ¡Todo va a estar bien!