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Opinión
Índira Kempis

Esta semana he recibido muchas llamadas de mujeres trabajadoras de Nuevo León que me hacen la misma pregunta: “¿Estás de acuerdo con el Paro Nacional de Mujeres?”. De inmediato no sólo me pongo a pensar en que estos paros son referentes en la lucha histórica del feminismo para exigir derechos. También vienen a mi mente las miles de mujeres en este país que aunque quieran, por el machismo, falta de empatía o por necesidad, no podrán realizar el paro, “whitefeminism”, pienso.

Después me autocritico por usar esa palabra. Porque al final de cuentas puedas o no puedas hacer el paro, la realidad es una: No tenemos un “piso parejo” de derechos. Más nos valdría, en un contexto tan difícil como éste, hacer todo lo posible por visibilizar la importancia de nuestros derechos, los de la mujeres.

Algunos piensan que nada cambia con salir a la calle, o incluso hay quienes abogan más por monumentos y paredes que por la demanda de justicia ante los feminicidios que están a la alza en todo el país. Pero, lo cierto, es que el movimiento feminista nos reta a no conformarnos. A salir de la “burbuja” de creer que solo les pasa a algunas. En realidad, todas en todos los espacios estamos en riesgo en un país predominantemente machista.

También se ha desatado la polémica sobre el papel de los hombres y los partidos políticos. A decir verdad, nada tendrían que hacer en esta conversación. Pero, en el fondo, difiero. Feminizar ahí donde ha sido imposible, puede abrir la puerta a otros compromisos y responsabilidades que antes no se tenían. Implica paciencia para tener debates nuevos. Y, aunque no les parezca a algunas, hasta de educar y autoeducarnos.

Deconstruirse es el asunto más difícil cuando la “costumbre es más fuerte el amor” como diría Juan Gabriel. Necesitamos escuchar más lo que se exige y también dar respuestas. Al menos esta última parte es la que me toca ahora desde este lado de la mesa como la senadora de Nuevo León. Que, además, no sobra decir que soy la única mujer que tiene ese cargo en uno de los estados con mayores casos de feminicidio.

Me gana la frustración a veces. Y ya no sé si es correcto o no salir a marchar o a parar estos próximos 8 y 9 de marzo, respectivamente. Lo que quisiera es salir a detener a cada hombre que golpea a su pareja, a cada acosador que hostiga a sus compañeras de trabajo, a persona que violente a cada niña o joven. Sé que en esa misión estamos juntas más de una mujer en México.

Por eso, este 9 de marzo saldré a trabajar con mi pañuelo en puño (trabajo desde los 8 años). Como las obreras, las empleadas domésticas, las comerciantes y todas aquellas mujeres que se “parten el lomo” en este país y que este paro por la falta de empatía les signifique alguna desventaja.

Costaría 26 mil millones de pesos UN DÍA sin su trabajo porque 40 de la plantilla laboral de las empresas son mujeres.

¿Qué pasaría si…? Sí, perdemos todos. Así que apoyaré a quien pueda estar en paro. Empezando por las mujeres que trabajan conmigo. Aunque, sinceramente, nadie, ni a mí, ni a ningún hombre, nos tienen que pedir permiso. Ni yo soy quién para sacar un “feministómetro” para medir si lo que se haga o se deje de hacer es la mejor manera de protestar.

Lo único que puedo decir es que, como ayer comentaba la feminista Clara Serra -tuvimos un diálogo con ella en el Senado-, el feminismo nos debe hacer más libres y en esa libertad invito a que todas las mujeres sumemos en la medida de nuestras posibilidades al 9M, comprendiendo que si nos falta una…

Nos faltan TODAS.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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