La invasión de Ucrania es una guerra que no se limita al terreno militar, la batalla también se libra por los canales de comunicación, es una lucha donde está de por medio la libertad de expresión y el derecho a la información.

Como sucede usualmente en los conflictos armados, ambas partes se acusan mutuamente de distribuir propaganda engañosa, pero a diferencia de otras guerras, las empresas que controlan las redes sociales están tomando acciones que podrían ser definitivas para formar la opinión pública.

La fuerza de las redes sociales quedó de manifiesto el año pasado, cuando lograron acallar un conflicto social en Estados Unidos que tenía tintes alarmantes. Tras perder la elección presidencial, Donald Trump convocó a sus simpatizantes a una manifestación que degeneró en un asalto al Capitolio, donde murieron cinco personas. Facebook, Twitter y otras compañías consideraron que Trump estaba incitando a la violencia y, en un acto sin precedentes, decidieron suspender indefinidamente sus cuentas, poniéndole un punto final al movimiento subversivo.

La medida fue completamente legal, conforme al derecho estadounidense (Communications Decency Act. 47 U.S.C., Sección 230), los usuarios de redes sociales no gozan de libertad de expresión absoluta, están sujetos a los términos y condiciones de la red y pueden ser expulsados cuando violan las políticas de uso, aunque se trate del presidente de Estados Unidos.

Bajo esa misma facultad legal, Facebook ha implementado mecanismos para limitar la circulación del contenido generado por los medios de comunicación que controla el Gobierno ruso. En respuesta, Putin bloqueó completamente a Facebook en su territorio y restringió el acceso a Twitter.

La política de censurar al enemigo también ha tenido eco en Europa. El 27 de febrero, la Comisión Europea anunció que está desarrollando herramientas para silenciar a los medios de comunicación del Kremlin como Russia Today y Sputnik, por su parte, Putin promulgó recientemente una ley que sanciona con prisión a quienes distribuyen “noticias falsas”.

Esta mutua imposición de mordazas me hizo recordar la novela de George Orwell, 1984, donde el “Gran Hermano” crea un gigantesco aparato burocrático únicamente para censurar a sus enemigos. El mensaje de Orwell continúa vigente, los poderosos siempre buscarán imponer al público su visión y para ello asediarán a los medios de comunicación que no les sean afines.

No todos están a favor de la polarización. El excéntrico empresario Elon Musk se define como un “absolutista de la libertad de expresión”. Musk ha desplegado los satélites de su empresa Starlink para llevar internet gratuito a los territorios ucranianos más afectados por el conflicto. En su cuenta de Twitter reveló que algunos gobiernos le han pedido bloquear a las cadenas de noticias rusas, a lo que respondió que no lo hará, a menos que se lo ordenen a “punta de pistola”. No en vano hay un viejo dicho que dice: “en la guerra, lo primero que muere es la verdad”.