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Opinión

Lamentablemente ocurrió también el insólito caso de un Ministro de la Corte que se vio involucrado en actos ilegales, por lo que fue destituido y procesado

El Poder Judicial Federal, a lo largo de los años, ha enfrentado escándalos que algunos de sus miembros han provocado con su conducta.

Pero el Estado Mexicano, que lo integran tres poderes, entre ellos el Judicial y que se compone de miles de servidores públicos que trabajan honradamente, es fuerte y siempre ha superado esos problemas.

De tal manera que así se ha impuesto la justicia en el caso de los magistrados que integraban, hace muchos años, el Tribunal Colegiado de Monterrey, que incluso fue cambiado a Saltillo, Coahuila, de donde fueron despedidos los que dieron lugar a severas críticas por su conducta.

En la historia de los Tribunales Federales se registra éste hecho que motivó que, el valioso personal que calladamente desempeñaba su trabajo, diera un ejemplo de responsabilidad, porque personas que trabajaban en esa época en ese Tribunal en Monterrey, tenían que ir y venir todos los días a Saltillo para cumplir con su trabajo.

Dentro de los antecedentes de la historia de la Justicia en nuestro País, ocurrió también el caso de unos Magistrados de un Tribunal Colegiado de Chilpancingo, Guerrero, que fueron acusados  de cometer actos graves de corrupción, por lo que fueron procesados e internados en la Penitenciaría de ese Estado.

Lamentablemente ocurrió también el insólito caso de un Ministro de la Corte que se vio involucrado en actos ilegales, por lo que fue destituido y procesado.

Afortunadamente para el Gobierno Mexicano, el Poder Judicial Federal siempre ha tenido el buen criterio de que en los casos difíciles, donde se ha puesto en tela de duda la honesta administración de justicia, siempre los ha resuelto, dejando establecido que los que se hayan equivocado en su comportamiento, como juzgadores, pagan las consecuencias de sus actos sin importar su jerarquía.

De tal manera que considero oportuno recordar los conceptos que expresó el Doctor Ignacio Burgoa Orihuela, en sus memorias, que divulgó la Editorial Porrúa, de nuestro País en el año de 1996, en cuyas páginas 214 y siguientes, afirmó lo siguiente:

“Un juez que espera o presiente consignas, que teme desagradar a sus superiores con sus fallos y que se angustia por el ‘cese’ o el cambio de adscripción, no merece el calificativo de tal. Es un títere despreciable que mancha la simbólica toga. 

“No imparte Justicia sino la mancilla con su vileza y ruindad, inspirando desprecio y desconfianza. Es el principal enemigo de la Constitución, del Derecho y de la Ley y, por ende, del pueblo mismo. A jueces de esa calaña, se les debe arrojar del templo de la Justicia como Cristo hizo con los mercaderes.

“Al buen Juez se le puede aplicar la máxima de don Ángel Osorio en relación al abogado”: ‘Todos los hombres deben ser libres, pero el abogado (o el juez) debe ser el más libre de los hombres”.

Considero que sería conveniente que el Consejo de la Judicatura Federal recomendara a los aspirantes a ingresar a los Tribuales Federales, que leyeran las citadas Memorias del Maestro Burgoa Orihuela, que fue uno de los más brillantes exponentes de todo lo relativo al Juicio de Amparo, hasta su fallecimiento.

Igualmente que se les recomendara que se interesaran en conocer la historia de las vidas de otros ilustres abogados, de los que siempre ha habido miles  que han ejercido la profesión en este país,  citando a manera de ejemplo, sin menospreciar a nadie, a Don Alberto Vázquez del Mercado, quien con los ilustres Teófilo Olea y Leyva, Vicente Lombardo Toledano, Manuel Gómez Morín, Alfonso Caso, Antonio Castro Leal y Jesús Moreno Baca, integraron el grupo conocido como “Los Siete Sabios de México”, sobre el que me dijo un día, otro inolvidable abogado y Maestro de Amparo, Don Ramón Palacios Vargas, Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en su  opinión, fue el abogado más brillante de México en el siglo pasado. 


* Esta opinión no refleja la del periódico

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