La Organización Internacional del Trabajo (OIT) informó que, si bien el empleo para los hombres se recupera a los niveles de 2019, no sucederá lo mismo para las mujeres; por lo que solo 42.3 por ciento de las mujeres en edad para trabajar podrán entrar al mundo laboral.

Lo anterior debido a que los sectores donde tienen oportunidades siguen afectados y sin recuperarse, tal es el caso de servicios de alojamiento, restaurantes y la industria manufacturera.

La OIT señala que aun cuando en algunas naciones como es el caso de Chile y Colombia, donde los gobiernos aplicaron subsidios a las empresas para nuevas contrataciones si se trata de mujeres, no ha sido suficiente.

A su vez, la organización sostiene que las mujeres no solo se han visto afectadas por la falta de empleo, sino también por la violencia doméstica que se elevó a niveles nunca antes vistos por la contingencia sanitaria.

Mónica lleva un año sin empleo, era maestra de teatro en una escuela particular, que a causa de la pandemia por COVID-19 se encuentra cerrada. Aun cuando le comentaron que su lugar sigue ahí, no recibe salario, lo que la ha orillado a vender productos para mujeres por redes sociales; no obstante, esto no equivale a tener una entrada fija ni segura.

“He pensado en migrar a Europa, a buscar trabajo allá. Yo estudié teatro en la UNAM. La verdad es que aquí la situación es muy difícil y pues no veo que pronto pueda encontrar un empleo con un salario digno. Como maestra me iba bien, me gusta mucho lo que hacía. Es muy frustrante no tener empleo, haber estudiado y dedicarte a otra cosa”, me platicó Mónica.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señaló en mayo que, a un año del inicio de la pandemia quedan 2.1 millones de empleos por recuperar, y que las mujeres son las que se han llevado la peor parte, pues representan al 71 por ciento de los desempleados.

De los 2.1 millones de empleos que no se han recuperado, 1.5 millones corresponden a mujeres, lo que representan siete de cada 10 desempleados.

Especialistas señalan que las dos razones principales por las que las mujeres se ven afectadas son: porque deben atender las tareas del hogar que se incrementaron con la contingencia; y, dos, porque muchas actividades en las que se desempeñan sufrieron recortes o continúan cerradas.

El desempleo, la violencia y la exclusión tienen rostro de mujer. Reconozco los avances y las innumerables luchas por la paridad, pero las realidades aquí expuestas obligan a la implementación de políticas públicas con enfoque de género.

No podemos dejar a la mano invisible del mercado, y menos a la indiferencia y el desprecio, que resuelvan las grandes desigualdades que hoy enfrentan millones de mujeres. Las respuestas a los derechos de las mujeres son urgentes si lo que queremos son economías prósperas y realmente equitativas. Por lo tanto, el empleo para las mujeres es un derecho, no una concesión.