Phyllis Dorothy James publicó Hijos de los hombres, hace casi 30 años, en donde describe un mundo distópico, de personas infértiles, de una sociedad convulsa y donde específicamente en Inglaterra se vive una situación de extrema tiranía, ¿adivinan el año en el que está ubicado el libro?

Corre el 2021, y Xan Lyppiatt es ahora el custodio autonombrado de Reino Unido, que en su última elección, 15 años atrás, abolió la democracia, porque los ciudadanos perdieron todo interés en la política.

El poder ahora se reparte entre cinco personas allegadas a Lyppiatt, llamado el Concilio de Inglaterra, y el Parlamento ha pasado a tener papel consultivo menor, evidentemente, este escenario ha traído el descontento de grupos civiles que buscan a toda costa hacerle frente a este déspota auto-instaurado.

James publicaba con su nombre contraído, para evitar que se pensara que una mujer estaba detrás de los libros, su pensamiento claramente adelantado a su época, y que es más reconocido en el campo de la novela negra, se presta ahora para una gran reflexión.

Efectivamente es 2021, la película que hizo Alfonso Cuarón basada en el mencionado libro sucederá todavía en 6 años más, y poco habla del personaje de Lyppiatt, pero si tomamos la ficción de James, estamos bastante cercanos a ese presente, en el que el mundo está al revés.

Afortunadamente todavía existe la democracia (¿existe?) en los gobiernos del mundo, pero dejemos de ser hipócritas, los respectivos mandatarios son unos custodios, a su manera, Boris Johnson es un ultra conservador, Emmanuel Macron va por la misma vía, aunque un tanto disfrazado, Joe Biden se monta en su “macho” para justificar que hizo lo correcto en Afganistán, sin que se deje contradecir y en México… ustedes dirán.

Llega el tercer informe de gobierno, con amplios eslóganes propagandísticos en radio, televisión y hasta en redes sociales, y una semana atrás, cuando el Ejecutivo duró dos horas retenido por manifestantes de la CNTE, familiares de presos y personal de salud sin trabajo en Chiapas, que claramente reclaman, el morenista dijo “(…) el presidente no puede ser rehén de nadie”.

Pues señor López, déjeme decirle algo, la figura que usted inviste, sí es rehén del pueblo, de quienes votaron por su partido, de quienes creyeron en su propuesta, y tienen todo el derecho de reclamarle, de hacerlo caer si así gustan, y no hablo de su revocación de mandato ridícula, el acto de desesperación de ponérsele al frente de su vehículo, ya es un síntoma de que algo va mal en su gobierno.

Y el problema sigue siendo, que tanto usted, como otros gobernantes, se creen con la libertad de denominarse como custodios de la verdad, ese es el mayor peligro de México a su soberanía.

Entonces «Quis custodiet ipsos custodes?».

La opinión expresada es responsabilidad del autor y no representa la posición del medio.