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Opinión

Es que la crisis que tenemos a punto de estallar ya se vislumbraba antes de las fases de la contingencia global. Nuestro crecimiento ha sido prácticamente nulo en el último año. Más de una voz experta lo anticipó: sin eso, ¿cómo confrontar lo que viene?

Antes de que cambiaran los escenarios estalló una crisis que ha sido difícil de sobrellevar en gran medida porque no somos un país de prevenciones, sino de lamentos posteriores a lo que sabemos puede suceder. El país de los rezagos multiplicados que hacen el efecto dominó perfecto como para sentirse constantemente vulnerable en una “rueda de la fortuna” que no para.

Pero también somos afortunados de comprobar una y otra vez que la gente se organiza en soledad, pero se organiza. Ante el caos que representa la Fase 2 -y probable Fase 3-, sociedad civil y el sector privado han estado generando propuestas ipara hacerle frente a los escenarios adversos.

Pero, ante todo, para ganarle tiempo al tiempo. Este es el momento en que se deben tomar decisiones de forma rápida. No estábamos preparados, pero se debe. Por lo tanto, varias de estas propuestas están a la espera de voluntad política, o de que las autoridades que están al frente de las instituciones se hagan cargo de implementarlas.

Nos queda claro que salud y economía son piezas claves que merecen nuestra atención. Ambas. Las dos a la vez. Por eso, en tanto se tomen todas las medidas sanitarias, también deben considerarse lo que tenga que ver con un Plan Económico y Fiscal para México.

Estoy de acuerdo en que cada país tiene sus propias circunstancias. Pero, varios ya lo han hecho. Porque en las crisis de lo que se trata es ganarle tiempo al tiempo. La incertidumbre es lo que al final del día “come”. No sólo en lo macro, sino también en lo micro.

Esta semana me ha tocado recibir infinidad de quejas en los buzones de redes sociales, la gran mayoría de Nuevo León (además de las cuestiones sanitarias), son muchas interrogantes respecto a qué van a hacer cientos de familias ante la baja de ventas, el desempleo, sus créditos, su patrimonio e ingresos. Tanto en el sector formal como en el informal hay muchas interrogantes sin resolver.

Quizá, algunos tengan respuestas que alcancen para llegar al final del próximo mes. Pero no todos. Tomemos eso en cuenta y en un ejercicio de empatía, es momento de mostrar solidaridad con quienes están siendo los más afectados de esta crisis, pero no dejemos de exigir sus derechos. Las autoridades a las que les corresponde deben acelerar la toma de decisiones evaluando los costos.

En tiempos como estos nadie gana. Todos perdemos. Algunos más pronto que tarde. Es hora de ver el barco en que estamos parados para redirigirlo. No se hizo antes pese a que sabíamos de ese casi nulo crecimiento. Pero estamos a tiempo de que no sea eso ni justificación ni “augurio” de que no es posible solucionar los problemas que se vienen. Al menos los que deben ser útiles para asegurar la sobrevivencia de quienes más necesitan de nosotros.

Estoy segura que no vamos a hacer los mismos. No lo estamos siendo. Pensemos juntos en cómo librar este momento.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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