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Opinión

Por más de veinte años, Andrés Manuel López Obrador ha pronunciado de manera sistemática los mismos discursos. Totalmente cargados de una ideología populista, pero carentes de objetividad y realismo. Así fue el Informe que escuchamos el domingo pasado.

Se ha hablado mucho sobre las respuestas que otros países dieron a su población para aminorar los efectos que la crisis sanitaria tendrá en gran parte del mundo. La gran mayoría de los gobernantes, de manera empática con la gente, han construido alternativas para paliar las consecuencias financieras que se están viviendo desde ahora y las que llegarán después de la pandemia.

En México se esperaba que, el presidente de la República y su gabinete estuvieran a la altura de las circunstancias. Desafortunadamente lo que presenciamos el domingo fue decepcionante. Los mexicanos estaban ávidos de alternativas para amortiguar el decrecimiento del año pasado del -0.1 por ciento del Producto Interno Bruto y la aparente contracción económica de entre el 6 y 10 por ciento para este año, sumado a las secuelas que está dejando el Covid-19, sin embargo, las posibles soluciones nunca se hicieron escuchar. Una vez más, el titular del Ejecutivo federal sectorizó a la población y se enfocó en su histórico electorado.

Al primer mandatario le faltó abundar –intencionalmente o no- en dos temas prioritarios para los mexicanos en estos momentos: 1) si contamos con la infraestructura hospitalaria para hacer frente a la pandemia y 2) cuáles serán las medidas financieras que se tomarán para apoyar a la economía de las familias. Dos tópicos que además de sustanciales, son sobre los que en este momento, debemos tener certeza.

Al día de hoy, la estrategia de salud no es clara ni estratégica. Las cifras sobre el personal médico y de enfermería, los respiradores, las unidades de terapia intensiva, las camas o los lugares habilitados para atención médica, no son suficientemente tranquilizantes. Vemos con desaliento que en otros países, los servicios de salud están rebasados y nuestras autoridades aquí, aminoran los posibles efectos de la pandemia.

Aunado a lo anterior, con las medidas de aislamiento social, la economía de las familias mexicanas se ha visto mermada, ya que al cerrar distintos centros de trabajo, el flujo de dinero ha disminuido considerablemente. Por ello, se esperaba que en su discurso diera alternativas financieras como prórrogas en el pago de contribuciones o exención en el pago de servicios básicos.

Lamentablemente, el titular de la Presidencia demostró que, cuando de iniciativa privada se trata, invisibiliza a las más de cinco millones de micro, pequeñas y medianas empresas de nuestro país, como por ejemplo, los salones de belleza, las taquerías, las fondas, las carnicerías o las tiendas de abarrotes, entre otros. Esos negocios, donde se concentra mayoritariamente la mano de obra mexicana, sin apoyos y sin medidas, no podrán solventar la crisis y cerrarán sus puertas por culpa de un gobierno incapaz de generar políticas eficientes para ellos.

En este momento, las necedades como Dos Bocas, el Tren Maya o el Aeropuerto de Santa Lucía, no tienen cabida. Se necesita que el supuesto presidente “estadista” dé soluciones para todos los que vivimos en este país. Con unión, inteligencia y estrategia seguramente se llegaría a buen puerto, de otra manera, pasará a la historia como una transformación decepcionante.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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