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Opinión

Hace tres semanas corrieron versiones que señalaban que el Chapo Guzmán se encontraba recluido en alguna instalación de alta seguridad en los Estados Unidos de América. Sin embargo coincidieron con señalamientos hechos por Alejandro Poiré, quien indicaba que sólo habían estado cerca de aprenderlo en la Baja California.

Ello no sería materia de reflexión si providencialmente no se hubiera intensificado la cobertura mediática sobre dicho personaje en días recientes.

En efecto, salta a la vista que -sin nuevas detenciones o decomisos- se ampliaron,  sin mayor explicación, las acusaciones en el expediente que se lleva en contra del citado capo en Texas. Días después se asestó un golpe importante sobre propiedades aparentemente suyas, localizadas en Colombia, quedando al descubierto de manera simultánea varios prestanombres a su servicio.

En el inter, Calderón visita a nuestros vecinos del Norte, sin que se  divulgara agenda sobre los temas que se abordarían en reuniones con autoridades. En tanto, en Tamaulipas se intensificó la refriega entre seguidores del Chapo y grupos rivales, pero la figura del relevante perseguido aparece como tema central de las notas periodísticas que cubrieron los hechos violentos registrados a lo largo de estas semanas.

La aparente inconexión entre tales eventos, parece que estará acompañada de nuevos impactos, que sólo apuntan a indicar que está próxima una conferencia de prensa en la que se anuncie finalmente la captura del hombre más buscado en México. Por supuesto, si así resulta, sería la joya de la corona de los montajes y producciones armados para generar expectación y lucrar con el combate al crimen organizado.

Sin embargo, el compás de espera que se habría abierto, dejaría huella de negociación o de términos para el intercambio de la ficha central de campaña del partido oficial en una compleja campaña mal orquestada por un complicado equipo asesor.

En medio de reconocimientos y halagos entre ambos países, particularmente en materia de combate al crimen organizado, se encuentra un tema viejo, pero siempre presente -de manera silente- en las reuniones que se han celebrado en la última década, el de la supuesta conveniencia de contar con bases militares u operativas de la otrora potencia en nuestro territorio.

Sí, así como el Plan Colombia supuso la intensificación de la presencia de las diferentes agencias americanas en aquel país, ahora la fase II de la Iniciativa Mérida consideraría la posibilidad de instalaciones fuertemente resguardas en las que se realizaran actividades de inteligencia y de diseño logístico de operaciones.

Por supuesto esa bases serían propuestas en lugares tácticos como lo es el Estado de Tabasco y el de Tamaulipas, por razones de ubicación estratégica.

Sin embargo, el aguardar al momento oportuno para dar a conocer la noticia pudiera tener efectos inciertos en la campaña de la candidata oficial, ya que si bien es cierto el golpe publicitario tendría grandes repercusiones, inmediatamente serían señaladas las casualidades y el uso mercadotécnico de la presentación ante los medios. Pero más aún, es claro que se reclamaría fuertemente absoluta transparencia de las condiciones en que la captura hubiera sido realizada y la forma en que la inmediata puesta a disposición se hubiere llevado al cabo, ya que de lo contrario veríamos un segundo episodio de la defensa que ha convencido a más de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. 


* Esta opinión no refleja la del periódico

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