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Opinión
Puntos sobre las íes

Cuando Carlos Salinas de Gortari integró su gabinete a finales de 1988, eligió a un “ajeno” para la secretaría de Gobernación: Fernando Gutiérrez Barrios.

El veracruzano, eterno hombre fuerte de Luis Echeverría, fue llevado a Bucareli para apaciguar la intranquilidad política que desató el cisma priista de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. Solo un echeverrista podría someter a otros echeverristas. Pero Salinas le impuso una condición. Que no usaría su poderosa posición para buscar la candidatura presidencial del PRI en 1994.

Hasta finales de 1992, Gutiérrez Barrios cumplió más o menos el pacto. Pero conforme se perfilaba que el candidato sería Luis Donaldo Colosio, comenzó a acariciar el sueño de ser el abanderado presidencial impulsado por la vieja clase política priista.

Salinas frenó esas ambiciones cuando en los primeros días de enero de 1993 Gutiérrez Barrios, a quien por cierto se le vinculaba en extrañas relaciones con el Cártel de Tijuana, fue relevado de Gobernación. En su lugar entró el chiapaneco Patrocinio González Garrido-Canabal.

Y coincidencia o no, mientras don Fernando despachó en Bucareli el gobierno de Salinas vivió sus mejores días. Expulsado del gabinete, comenzaron las pesadillas.

A los cuatro meses de su salida, en mayo de 1993, asesinaron al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. La versión “oficial” dice que los del Cártel de Tijuana “lo confundieron” con “El Chapo” Guzmán.

En noviembre vino la rebelión de los viejos políticos, que vieron en la candidatura de Colosio una disfrazada reelección.

Para la madrugada del año nuevo de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpía en Chiapas para desestabilizar al régimen salinista.

Curiosidad o no, don Fernando era el custodio histórico de que las guerrillas latinoamericanas, desde la cubana hasta las sudamericanas, se mantuvieran lejos del territorio mexicano. De súbito, el pacto se fracturó.

Y el quiebre final vino cuando en la Tijuana de los Arellano Félix fue asesinado Colosio.

El círculo de la rebeldía y la desestabilización se cerró en septiembre de 1994, con el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, el excuñado del presidente Salinas, perfilado para ser el secretario de Gobernación en el gobierno de Ernesto Zedillo.

El mensaje de la vieja clase política priista a Salinas era claro. Manos fuera. Y el gobierno de Zedillo acabó confrontado con su antecesor, llevando a la cárcel a su hermano Raúl y obligando a Salinas a vivir en el exilio en Dublín.

Viene esta remembranza para intentar responder una pregunta: ¿Alguien sabe algo de Miguel Ángel Osorio Chong? ¿Saben qué está haciendo desde ese día de enero en que fue obligado a mudarse de Bucareli? ¿Estará ocupado en Hidalgo, Chihuahua, Nayarit o Macuspana?

Dicen que la historia suele repetirse. Y quizás estemos ante uno de esos episodios en el que el hombre de todas las confianzas acaba por ser el hombre de todas las desconfianzas. Esperaremos el desenlace.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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