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Cuando recién pasamos por un rompimiento lo normal es pensar: “¿cuándo llegará el bueno?”, pero para eso es necesario pasar por un proceso interno que sane las heridas de la vieja relación y se debe estar listo para lo que viene.  

La mejor manera de estar en pareja es haber aprendido a estar solo, aunque es difícil encontrar personas que no odien la soledad. Por experiencia comparto que llegar a tolerar e incluso amar estar solo y sentirse bien, es un gran logro personal.

Nuestra cultura hace ver la soltería como tragedia, pero es la única manera de conocernos, de saber qué nos gusta y complacernos o qué no nos gusta y eliminarlo de nuestra vida. 

Es la única forma de sentirnos completos y plenos. Aprendiendo a ser feliz en soledad es una garantía de poder ser feliz en pareja.

Adaptarte a la soledad toma tiempo: los domingos se vuelven el peor día de la semana, quieres llorar cada vez que te invitan a una boda porque no sabes con quién ir, te sientes excluido de tus grupos de amigos con los que salías en pareja, quieres ver una película y extrañas a quien te acompañaba. No siempre encuentras con quien salir los fines de semana y que no se te prenda la hormona porque se suma un motivo más para necesitar del otro y correr irresponsablemente a una relación disfuncional. 

Conforme pasa el tiempo y te enfocas en ti mismo te empiezas a dar cuenta que no necesitas a nadie para experimentar bienestar. Te sorprenderás descubriendo capacidades que ni tú mismo te conocías, comprenderás que tenerte a ti es más que suficiente. Incluso habrá ocasiones en que te invitarán a salir y preferirás quedarte en casa viendo una serie. En fin, disfrutarás en soledad muchas cosas por las que antes sufrías.

Una persona que sabe estar sola es una persona plena, independiente, segura y con alta autoestima, y eso la hace atractiva e interesante a los ojos de los demás.

Cuando te des cuenta de que no dependes de nadie para sentirte feliz se terminará la necesidad de estar con alguien, de controlar, agradar, ser reconocido, complacer y ser aceptado por otros.

 Cuando abandones tu temor a la soledad, dejarás de tener expectativas sobre las personas o las situaciones y le pondrás fin a la mayoría de los problemas en tus relaciones, porque ya no buscarás la plenitud a través de alguien más. Serás una persona que busca compartir su felicidad y por ende la atraerás. 

Por esa razón, no es aconsejable empezar una nueva relación justo al terminar otra. El campo también necesita un tiempo de regeneración entre las cosechas, los agricultores lo llaman “barbecho”. Nosotros podríamos llamar a ese tiempo “dieta de relaciones”, para referirnos al tiempo que una persona se regala a sí misma para recomponerse, centrarse, atenderse y prepararse para la siguiente relación.

Cuando se resuelve el miedo a la soledad, se deja de creer en las relaciones superficiales, egoístas e inconscientes como escudo de protección. La soledad no es buena ni es mala, es lo que cada uno hace con ella. Tratar de suspenderla de forma artificial pospone el proceso necesario para aceptarla y sanarla. Entonces, si buscas estar con alguien únicamente por no sentirte solo, vas a llegar al mismo punto donde te encontraste al terminar tu relación pasada.

Dicen que la peor soledad se siente estando acompañado, pero cuando aprendes a estar solo y en paz, no vuelves a experimentar ese sentimiento jamás.  

Cuando se resuelve el miedo al abandono, empezar una relación no es una amenaza, sino una nueva oportunidad porque ya no estás con un escudo protector esperando ser atacado. El mayor logro de la relación consciente es que ambas personas están dispuestas a amar como si nunca antes hubieran sido heridas, sin volcar en la nueva pareja el dolor de relaciones anteriores. 

No hay mayor placer que estar solo, el placer del amor es secundario y solo es posible cuando has conocido el placer de estar contigo mismo, pues solo entonces tienes algo para compartir. De lo contrario, dos mendigos que se encuentran y se aferran el uno al otro no pueden ser felices, se harán sufrir mutuamente porque cada uno esperará, en vano, que el otro le satisfaga. 

Osho dice que “sentirse solitario es negativo, piensas que te falta algo; en cambio, la soledad es positiva, has encontrado algo”.