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Opinión

Cada vez que el “Gran Circo” de la Fórmula Uno se detiene para el Gran Premio de Bélgica, la memoria y el corazón nos trasladan a aquella tarde mágica de Junio de 1970 en la que “Nuestro” Pedro Rodríguez se alzó con una victoria impensable a bordo de su BRM con un promedio de velocidad salvaje de ¡252.93 K.P.H. ¡, uno de los cinco Grandes Premios con mayor promedio de la historia, hazaña portentosa si tomamos en cuenta que fue la última ocasión que la Fórmula Uno se disputaba en el sinuoso y demandante circuito de 14 kilómetros que se internaba por zonas boscosas en las que la seguridad que hoy conocemos no existía, es más, el año anterior los pilotos se negaron a correr en ese circuito, la organización puso rieles en aquellas zonas pero los autos pasaban casi zumbando a los arboles pegados a la carretera, aún así se disputó por última ocasión el GP de Bélgica en semejante circuito: “Esto es para hombres y no para aprendices”, se decía en aquel entonces.

FITTIPLADI, STEWART, ICKX, RINDT, BRABHAM

Encabezaban junto con Pedro la legión de valientes que minutos antes del arranque guardaron un minuto de silencio en memoria del gran Bruce MC LAREN, pilotazo neozelandés fundador de la escudería que lleva su nombre, fue un acto lleno de emoción y sentimientos, Bruce había perdido la vida el fin de semana anterior en un auto de su propia fabricación en la clase Can-Am de los Estados Unidos, la muerte de Bruce y subirse a competir en el circuito más peligroso de la Fórmula Uno de aquel entonces era una coincidencia brutal, que generaba dolor y emociones “más allá del miedo natural”, como confesaba el piloto local Jackie Yckx.

“NADIE PODIA CON PEDRO”

Algo ocurrió aquella tarde, señalaba el propio Ykcx al terminar la carrera: “Esta era la tarde de Pedro, nadie podía con él… ni siquiera Chris”, refiriéndose a Chris Amon, que dio un carrerón poniendo al límite su March peleando con Pedro hasta los últimos metros para finalmente terminar unos segundos detrás de “Nuestro Pedro el Grande”, el abrazo que se dieron estos dos pilotos fue muy efusivo, espontáneo y de mutuo reconocimiento, y eso que aún no sabían que habían roto el Récord de Velocidad promedio para la categoría.

EL MEJOR DE LA HISTORIA

Aquella segunda victoria en Fórmula Uno sería la última para Pedro que encontraría al fantasma de la Muerte meses después en una carrera de invitación en autos prototipos en Alemania, a bordo de un Ferrari al intentar rebasar a un auto lento que titubeó al ver por los espejos el poderoso Ferrari.

Nunca antes y nunca después de Pedro un piloto Mexicano ha ganado un Gran Premio hasta el día de hoy.

La Historia del Automovilismo Mexicano es encabezada por el que por mucho ha sido el mejor de todos, Pedro Rodríguez, “Pedro el Grande”… así de fácil…


* Esta opinión no refleja la del periódico

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