Existen varios días de cada año en los que la compulsión de comprar se exacerba. Uno de ellos es obviamente el 10 de mayo, el famoso y tan bien merecido Día de las Madres.

Se habla mucho al respecto y se dicen cosas como que se debería celebrar todos los días (estoy de acuerdo), que según la culpa es el monto de lo gastado, etcétera, etcétera… Pero esos son temas de otras disciplinas de las que no soy especialista.

El meollo de todo esto es ¿cuánto gastar? Los que tengan el privilegio de aún contar con su progenitora, seguro irán este fin de semana a comprar todo lo que puedan para complacer a su santa madre. Y aunque por supuesto que coincido con agasajarla, es imprescindible que midamos los esfuerzos.

Particularmente ahora que el semáforo epidemiológico ha permitido abrir casi todo, esta fecha tendrá un doble propósito: la celebración per se y la derrama económica, lo que ayudará sin duda a la reactivación de la economía tan golpeada por la malvada y pérfida pandemia de COVID-19.

Pero siempre hay que cuidar que dicha derrama económica no se convierta en derrame de bilis cuando nos alcance la cruda realidad de todo lo que gastamos entre regalos y convivios, y más si caímos en las garras de los famosos “chorrocientos meses sin intereses”.

Insisto que nunca he estado y nunca estaré en contra de gastar sino de mal gastar. Es decir, hay que gastar en función de lo que llega a tu bolsillo y lo que tienes de patrimonio entre ahorros, inversiones y todo lo demás convertible en dinero. Sobre todo, ahora que existen tantas promociones y tantos incentivos para comprar hasta el perico (como lo escribí en las semanas anteriores), hay que ser muy acuciosos para determinar cuál es el presupuesto que no desbalancee nuestra vida financiera.

Tengamos presente que aún no termina la crisis sanitaria y mucho menos la económica. El daño causado por el tiempo de confinamiento y las limitaciones inherentes no se resarce de un plumazo ni por decreto ¡para nada

Evita las compras de último momento, pues cuando las tiendas y los restaurantes se llenan hasta el tope, la desesperación y el cansancio provocan que tratemos de agilizar todo, aunque sea a “billetazos”, y esto tarde que temprano provocará un desfalco muy grande y el consabido problema para los meses por venir.

Seamos conscientes y busquemos el equilibrio y la mesura, fieles compañeros de unas finanzas sanas

Recuerda: “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.