Hoy hablaré de uno de los principios de la Cábala, porque considero que es de gran utilidad para nuestro propósito de ser felices… “Resistirnos a nuestros impulsos reactivos crea luz duradera”. 

Este principio parece muy fácil de llevar, pero cuando nos encontramos en situaciones difíciles no lo aplicamos. Lo que he aprendido es que entre más lo practico, mas fácil me resulta aplicarlo.

Es un principio mágico, porque al no reaccionar logras hacerte a un lado y dejar que la luz actúe. Y siempre va a actuar mejor que tu ego.

Sé que muchas veces hay ocasiones en las que es tanto el coraje que sentimos que nos es imposible quedarnos callados y no reaccionar, pero el día que se de la oportunidad de practicar este principio, se darán cuenta de los beneficios brindará a su vida.

Esto funciona igual que  un  foco cuando hace corto circuito y se funde. El foco puede mostrarnos un destello de luz intenso y mas brillante al hacer corto que cuando esta encendido normalmente, pero después se apaga. La luz espiritual funciona de la misma manera. 

El placer momentáneo generado por un comportamiento reactivo es mucho mas poderoso y satisfactorio que el placer continuo de luz que se genera a través de la resistencia.  Lo mismo sucede cuando sentimos la satisfacción de gritar a los cuatro vientos lo que pensamos, o cuando nos vengamos, o cuando estamos a dieta y nos gana el deseo por un pastel y nos lo comemos. Esto genera una  satisfacción de corta duración, antes de que nuestra luz se “apague”, generándonos depresión, culpa, miedo… 

“La intensidad de la luz resistida puede no ser tan brillante como la del destello del corto circuito, pero la iluminación que produce la resistencia es muy duradera”, dice Yehuda Berg, hijo de Philip S. Berg, quien fue el  fundador de la Cábala. 

Por ejemplo, las drogas y el alcohol te pueden llevar a un éxtasis momentáneo pero cuando termina el efecto el sentimiento es peor incluso al que experimentabas antes de probarlas. 

Cada día nos enfrentamos a situaciones desafiantes desde el momento en que salimos de nuestra casa. En el trabajo, en el entorno social y familiar. 

Por lo que depende de nosotros el seguir reaccionando a todos los estímulos externos que nos llegan en todas las direcciones o detener esas reacciones para poder traer un poco de cordura espiritual a nuestra vida.

Al principio este esfuerzo puede parecer represión de nuestros sentimientos, hay quienes piensan que cuando reprimes lo que sientes es dañino, pero no es así, ya que estamos eliminando de forma gradual capas de emociones reactivas.  Esto limpiará progresivamente el comportamiento insensato, los deseos egoístas y los pensamientos negativos de nuestra naturaleza. 

En pocas palabras, lo único que estamos atrayendo al no reaccionar es luz. Saber que estamos transformándonos de reactivos a proactivos generará una luz que iluminará la raíz oculta de nuestra ansiedad, eliminando el miedo de nuestra vida.

Les comparto una de mis frases favoritas: “la indefensión es nuestra mayor fortaleza”. Muchas veces pensamos que estando a la defensiva y generando que los demás nos tengan miedo para que no nos hagan daño es una manera de protegernos, creando una barrera que únicamente muestra nuestra debilidad. 

Cuando pienso que el mundo es amenazador y que las situaciones o las personas tienen el poder de hacerme daño, vivo temiendo ser atacada(o) e interpreto lo que hacen o dicen como una afrenta personal.

Si yo elijo conectarme con la “fuente del amor” que me llena de confianza y paz, entonces no habrá razón para seguir temiendo y estaré abierta(o) a ver la luz en cada uno de los que me rodean. 

Si reaccionas defendiéndote tu respuesta es un ataque, si estás atacando estás actuando desde el miedo. Si te detienes y te calmas  antes de reaccionar ante una situación creyendo que tus defensas te protegen, podrás elegir una respuesta amorosa que deje de alimentar el conflicto.

Concéntrate en tu respiración, pide entonces a la fuente divina que te ayude a ver la situación o a la persona con los ojos del amor y bendice la oportunidad que tuviste de romper ese patrón de reactividad que te mantenía en el conflicto.