Faltan pocos días para que el proceso electoral tenga su momento cúspide: el de la decisión individual que, en suma, se hace mayoría. En tiempos en donde hay crisis de confianza, quienes ganan toda forma de medición son los indecisos.

Hay gente a la que le resulta totalmente fuera de sus temas cotidianos hablar de política. “De política, futbol y religión, no se habla”, así nos educaron a mucha personas en casa, o bien, a “no meterse en lo que no importa”; sin embargo, esas costumbres están haciendo mucho daño a la vida pública.

Debemos meternos en lo que importa porque afecta nuestra vida, pero además debemos de hablar sobre aquellas cosas difíciles. Quizá esa sea la dosis de antídoto necesaria para que dejemos de ver esas decisiones como ajenas y le otorguemos el poder a unos cuantos.

Por supuesto que “la burra no era arisca, sino la hicieron a palos” y, lamentablemente, en nuestro país hasta parece que la clase política se encarga de poner “muros” que no permiten que la gente pueda tener la mínima esperanza de participar como una obligación cívica.

En plena pandemia, pese a las vacunas, el gran cuestionamiento apunta a si la gente estará dispuesta a salir a la calle para ir a votar o no. Este factor es importante e incluso determinante para los resultados.

En esta jornada histórica donde hay mucho en juego, pero además es atípica por las condiciones en las que se está haciendo campaña, habrá que también reforzar el hecho de que la gente tiene que esforzarse por hacer valer su derecho de votar. Esa es una responsabilidad inevitable y más ante la falta de contrapesos que necesita el país.

Un proceso electoral en paz y con la convicción democrática de que las elecciones sí sirven, es lo que más deseamos para el país las y los que pensamos que el voto es la herramienta que permite hacer el primer trabajo de la ciudadanía: decidir a sus representantes.

Los invito a defender la democracia por medio del voto.