Cuando era chamaco existía un programa llamado el premio de los sesenta y cuatro mil pesos, conducido por el inigualable Pedro Ferriz Santacruz. Se trataba de que la gente pudiera llevarse al bolsillo esa cantidad contestando una retahíla de preguntas que, por supuesto, aumentaban su dificultad al acercarse a la tan atractiva cifra.

Yo ofrezco, en muchos de los foros que piso, regalar mi automóvil a la persona que me responda algo en extremo simple: ¿Cuánto dinero ha pasado por su mano? Aún conservo mi carcacha… No falta quien me diga que es un cuestionamiento capcioso y subjetivo… y tiene toda la razón.

Tratando de generar cinco minutos de reflexión lo que busco es que hagamos uso de la aritmética más básica para calcular una estimación cercana de los millones que has visto desfilar enfrente de tu nariz, ¿dije millones? ¡Ah caray!, debes ser rico y ganar harta lana. Pues fíjate que no. Una persona que perciba un salario mínimo a lo largo de su vida se mete al bolsillo más de 2.5 millones de pesos.

Pensando en la clase media tradicional encontramos que la gente “más madurita” contaría varios millones embuchados en la cartera y los más jóvenes algunos cientos de miles…

La obligada siguiente pregunta es: ¿Dónde quedó la bolita? Además de una buena panza chelera, ¿qué tienes hoy que sea convertible en dinero? Haz la cuenta y te vas a sorprender de que lo que tienes de patrimonio es un porcentaje mínimo contra todo lo que has contado ¿Y lo demás? Comido, bebido, bailado, vacacionado, parrandeado, paseado…

Que quede claro, la educación financiera no busca que la gente se convierta en coda, avara, marra, tacaña, muerta de hambre y cuentachiles, y que se encierre en su casa tirada en la cama y colgada de la luz de los vecinos para no gastar, ¡no, no, no!, la vida es dura por definición y hay que pasársela lo mejor posible. Lo que se pretende es que, por un lado, vivamos en función de lo que llega a la cartera y, por otro, se busque un equilibrio que permita hacer crecer el tan necesario patrimonio.

Estas líneas no buscan deprimirte sino incomodarte para que tomes cartas en el asunto. Como dice la canción: “Ya lo pasado, pasado…”, ahora piensa en que cada peso que ganas tiene solamente cien centavos y que, si los distribuyes bien, vivirás cómodamente al mismo tiempo que generarás soporte económico.

Y tú, ¿cuánto dinero has visto pasar por tus manos a lo largo de tu vida?

Recuerda: “No es más rico el que gana más sino el que sabe gastar”.