Cuando Disney anunció que llegaba una película dedicada a la villana de 101 dálmatas (1961) me dio completamente igual su noticia, ya que después de haber visto Maléfica (2014) me pareció ridículo el esfuerzo que el estudio hollywoodense estaba haciendo por darle vida a los personajes antagónicos de sus clásicos.

Confieso, además, que al acudir a la sala y ver en pantalla grande esta ficción de 2021, lo hacía con un aburrimiento anticipado, el cual se desvaneción apenas a los escasos cinco minutos de iniciada la función, y es que el largometraje de Craig Gillespien apeló a lo más intrínseco de mi ser: la música.

Cruella es por mucho uno de los mejores filmes de Disney de los últimos años, todo está cuidado en su máximo detalle: la estética visual y el soundtrack de canciones de época que acompaña cada escena de la cinta, en su primera mitad, cambiando cada cinco minutos y, por supuesto, el diseño de vestuario es un delirio para cualquiera que aprecia la moda en corte y confección.

Cuando Tim Burton hizo Batman (1989) sabía que hacerle sombra a Jack Nicholson, en su personaje como Jack Napier, antes de convertirse en Guasón, sería una labor titánica para otro histrión, así que el cineasta escogió a un actor que, además de ser el jefe mafioso de Napier, imponía a cuadro; la elección fue Jack Palance.

Lo mismo ocurre en Cruella, ¿quién puede ponérsele al ‘tú por tú’ con esta mujer de cabello bicolor encarnada por Emma Stone? Pues otra homónima ejemplar, Emma Thompson, que recordamos por papeles mucho más dulces y sensibles, pero aquí es la baronesa von Hellman, diseñadora de modas ególatra, arrogante y sumamente exigente en su taller de alta costura.

En este camino y génesis fílmico de la antagonista De vil, se articuló una historia perfectamente verosímil, en la que sus secuaces principales, Jasper y Horace, le acompañan desde un inicio, y además entendemos cómo es que una constante dualidad con ella misma, termina por causarle una obsesión y venganza personal, por el infortunio que ha sido su vida desde niña.

Además, hay más guiños para quienes recuerden la primera cinta animada de los 60, así que seguro saliendo de ver esta especie de precuela, de las demás películas existentes, se vendrán unas ganas bárbaras de redescubrir a Pongo y Perdita en la que fue llamada La noche de las narices frías en Latinoamérica.

Risas, sorpresas y gratos escenarios con música icónica es lo que llega con Cruella, ahora en exhibición, y a partir de julio en la plataforma de Disney+, aunque si prefieres evitar pisar una sala de cine, pues también se puede comprar un acceso preferencial ahora mismo, pero créanme, este largometraje está hecho para disfrutarse en pantalla grande.

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