Todos lo sabemos, el semáforo epidemiológico es un chiste de sí mismo desde hace meses, nada impidió que el comercio informal o establecido siguiera sus actividades económicas, y a estas alturas el color es irrelevante; lo que importa, es el autoritarismo que podría venirse al mero estilo de Europa y Estados Unidos.

El libre albedrío se pone en juego, habrá quienes deseen fervientemente vacunarse, quienes querrán esperar a una versión más estable de la sustancia inmune intravenosa, pero esto es una decisión privada, y debería ser hasta secreta, como el voto (guiño, guiño).

Pero al parecer, todos tenemos que entrar en una misma bolsa, ya que se estudia la posibilidad de que además del inservible código QR que se debe escanear en la CDMX en cada comercio para, en teoría, ser avisados de un posible contagio en los lugares visitados, también obligar a la población a que presente el certificado de vacunación para ingresar a lugares recreativos.

Esta medida totalitarista, ya está en vigor en países del primer mundo, como en Estados Unidos, que cada vez se exige en más de sus localidades comprobar que se está vacunado para ingresar a restaurantes, bares u otros establecimientos.

Y México parece ser que no busca quedarse atrás, lo cual pondría en completo peligro la libertad de los ciudadanos a elegir, un clásico de Zhenli Ye Gon, “copelas o cuello”, del Estado.

Esta película distópica que vivimos va de mal en peor, seguimos en el confinamiento, pero nadie se da cuenta de que el peligro es peor que el año pasado, según cifras publicadas por el Wall Street Journal, este año al menos en la Unión Americana han muerto más personas por COVID-19 que en 2020.

Lamentablemente nadie estaba preparado para vivir esta pandemia, sin embargo, hay medidas desproporcionadas que los gobiernos internacionales están tomando a diestra y siniestra, y en México, se prefiere mejor insistir en una consulta para mandar a juicio a los expresidentes; no, pues estamos peor que una viñeta de Condorito, el chiste se cuenta solo, o sea ¡Plop!

Cualquier atentado en contra del libre tránsito es violentar los derechos constitucionales que garantizan la Carta Magna, afortunadamente, aquí no se impuso el toque de queda, como en España u otros países, pero el ya obligar a que los establecimientos exijan la vacunación, estamos hablando de un Gran Hermano, bastante omnipresente.

Por lo pronto, Joe Biden, ya está por exigir que a nivel federal los empleados de gobierno sí estén todos alineados con la política de la vacuna.

Esperemos que al ejecutivo de Palacio Nacional, este tipo de arbitrariedades no le lleguen a su escritorio, porque entonces, sí estaremos en un verdadero “Copelas o cuello”.

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