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Opinión
Cable Rojo

El ahora sí presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, llegó a creer que lo que pasó hoy en la sala del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación nunca pasaría. Recibir la constancia que le dará oficialmente el derecho a sentarse en la misma silla que se sentó su admirado Benito Juárez.

Y bien, gobernará como pueda y como quiera, pero también como se deje el pueblo de México. Porque eso sí, no hay que olvidar que así como la voluntad del pueblo lo eligió a él y castigó al PRI, la gente ya no está en ánimos de esperar mucho más, ni para experimentos, ni mucho menos para más de lo mismo pero en plato diferente.

En ese sentido, el beneficio de la duda, supongo que lo tiene por parte de la mayoría de los mexicanos, el presidente electo. No obstante, sus primeras pinceladas en el nuevo lienzo han sido una mezcla de oleos y colores, entre viejos y nuevos, claros y oscuros.

Por ejemplo- y aunque ya muy comentado- el caso de Manuel Barlett dice mucho sobre la híbrida- por decirlo bonito- manera en la que está armando su equipo para la gritada, ansiada y dramática cuarta transformación. Lo mismo con el señor de las ligas, René Bejarano, que regresa a las grandes ligas, aunque espero que sin maletas vacías para llenar.

La reinserción social es una realidad, la reflexión también, quizás hasta la reinvención, pero el arrepentimiento no. Aquello es un concepto divino y espiritual que no aplica a la política y menos al cinismo. Sin embargo, la retórica de AMLO de reconciliación es algo, que por lo menos vale la pena imaginar. Estoy de acuerdo en el “perdón sí, olvido no”. Hay cosas que por fe, humanismo o simplemente por salud mental vale la pena perdonar. Pero olvidar es borrar la historia, siendo la historia la que juzga las acciones del individuo y de la colectividad, entonces eso sí no.

Quizás hayamos ya perdonado a Antonio López de Santa Ana, pero jamás se nos olvidará que entregó nuestra patria.

El problema está en el dónde, a quiénes y para qué se utilizará el perdón. Porque si esta potente herramienta es utilizada para el imaginario social, entonces se convertirá en una acción utilitaria sí, pero con poco o nulo constructo.

Peor aún, si el perdón y los aires de reconciliación están acotados a la voluntad del presidente electo o de la agrupación política que encabeza y que representa en teoría, todo lo que más de la mitad de la población se compró al votar por él. No puede ser ni aleatorio, ni interesado; tiene que ser imparcial, cómo lo sería la justicia- si existiera en este país.

El caso de la liberación de la maestra Elba Esther Gordillo confunde, y a este gobierno y al próximo se le puede acusar de caer en la tentación de lo mismo de siempre. La misma telenovela, diferentes actores y diferente época.

Exonerar a tan representativo personaje, más que en lo legal, en lo moral es un error que el movimiento de regeneración nacional no puede cometer antes de empezar. Que fueron los tribunales, que fue todavía en el mandato de Peña Nieto, por favor. Y luego, el mismo día en que todo esto pasa, Morena en general manda un mensaje inequívoco de vendetta política, patrocinando una marcha contra el gobernador de Hidalgo. Da igual las justificaciones, la realidad es que en el día en que López Obrador es declarado electo, Morena decide enseñar el músculo con dedicatoria a todos los gobernadores de oposición. El presidente electo lo dijo, “la venganza no es mi fuerte”, y a él le creo. ¿Pero a los suyos?

Por eso, estando en Ciudad Juárez con todas esas madres víctimas de la violencia y aún sin una clara estrategia de seguridad, surgen las preguntas de cuándo y cómo se materializará la retórica de la reconciliación.

La discontinuidad política, no es de manera endeble una transformación del régimen. Es en sí, un cambio de percepciones y de aproximamientos a los fenómenos gubernamentales y políticos. Pero si las percepciones se quedan en percepciones y los aproximamientos a los problemas solamente se quedan en aproximamientos. Y al mismo tiempo, en el sueño de la reconstrucción comienzan a aparecer los déjà vus, entonces todo habrá sido un gran imaginario social. Al tiempo.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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