México no puede abrirle los brazos a unos y recibir a golpes a otros, porque México siempre se ha distinguido por ser una nación hermana, solidaria y fraterna.

Las imágenes de agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) pateando el rostro de un migrante centroamericano o acorralando a un haitiano con su hijo en brazos es inhumano, porque a todas luces se violan sus garantías individuales.

No podemos brindar refugio a nuestros hermanos afganos, mientras que a golpes detenemos a los hermanos centroamericanos o haitianos. Todos emigran por la misma situación, la violencia y pobreza en sus países de origen.

La migración no solo ha aumentado en América, también sucede en Europa; diario llegan ahí, vía marítima, cientos de africanos o del Medio Oriente; lo mismo que en Asia. No hay un solo país que no enfrente la migración.

Miles de mexicanos diariamente migran a otras naciones para buscar una vida mejor, para obtener los ingresos suficientes que les permita tener una mejor calidad de vida para ellos y sus familias. Diariamente los vemos intentando cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

No podemos quejarnos del trato que le da el país vecino a nuestros connacionales, cuando en México violamos los derechos humanos de los centroamericanos y haitianos, sobre todo, cuando estos últimos han vivido tragedias políticas, sociales y naturales que los tiene en la miseria.

No basta con separar de su cargo a los agentes migratorios que golpearon sin pudor a los centroamericanos, es necesario aplicar la ley, hacerles justicia.

De no hacerlo, estaríamos contribuyendo a la impunidad, esa que tanto mal hace a México.

No podemos tratar a los migrantes como delincuentes, cuando los verdaderos delincuentes se han adueñado de comunidades enteras en México a través de las armas, la violencia y el temor.

Delincuentes que forman parte del crimen organizado, y que también acechan a los migrantes centroamericanos para extorsionar a sus familias, obligarlos a pertenecer a sus filas o asesinarlos. Es a estos a los que el Estado debería de hacerles frente con el peso de la ley, no a quienes buscan una vida mejor.

La migración exige congruencia, exige una verdadera estrategia migratoria, una política de puertas abiertas controlada, basada en el respeto de los derechos humanos, y en la ayuda humanitaria por la que es renconocido México en el mundo.