Durante el pasado mes de mayo, la economía estadounidense apenas creó 69 mil nuevos trabajos y el desempleo aumentó a 8.3%, confirmando así lo precario de la recuperación económica y poniendo en serios aprietos la campaña de reelección del presidente Obama.

Entre los latinos los datos son aún peor: 11% de ellos en edad de trabajar carecen de empleo.

No cabe ninguna duda. La debilidad de la economía, acentuada por la crisis en Europa, es el principal enemigo de las aspiraciones de reelección de Obama, y, por supuesto, es el argumento que domina las críticas republicanas a su gestión.

Lo dicen los expertos. La lenta recuperación económica, “sea o no culpa del presidente, reduce sus posibilidades” de ser reelegido, opina Stephen Johnson, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Aunque la Corte Suprema haya avalado su reforma sanitaria, la joya de la corona de su gestión, y aunque el país haya dejado atrás los momentos más complicados de esa crisis, la gran preocupación de los estadounidenses sigue siendo la economía.

En eso coinciden todos los sondeos. Por eso, Obama llega a la Convención Demócrata con una mínima ventaja sobre Mitt Rommey: un 47% de los apoyos frente al 46% de su rival republicano. En Carolina del Norte, donde se celebra la cita demócrata, el candidato republicano incluso lo aventaja por cuatro puntos.

Y es que, dicen muchos, Obama prometió demasiado. Otros, que fue un fenómeno mediático, un candidato de teflón. Y los más críticos, como Clint Eastwood, hacen hasta el ridículo para condenarlo. Durante la Convención Republicana, el director de “Invictus” se convirtió en el jubilado racista de su más reciente papel actoral, Grand Torino.

Así las cosas, aparece Michelle y regresa la magia.

¡Cómo brilló en Charlotte la primera dama negra! 

Su dinámica, pero serena, voz encendió los corazones apagados de los seguidores de su marido con una poderosa narrativa personal. Barack, dijo, sigue siendo el mismo hombre de principios de quien ella se enamoró hace 23 años, cuando ambos estaban sin dinero y luchando por sobrevivir.

La voz se le quebró cuando mencionó que su papel principal es el de “mother in chief”, pero el mensaje político lo comunicó con brío y convicción. Su esposo no ha cambiado; lo ama más ahora que cuando ganó la presidencia, y aún más de lo que lo amaba cuando se conocieron.

“Debemos unirnos una vez más y apoyar al hombre en quien confiamos para sacar adelante este país. Mi esposo, el presidente Barack Obama”.

Michelle es lo mejor que tiene Barack. Los medios lo han retado: que la supere.

No sería nada raro que Michelle sea el factor clave para que su marido se mantenga al frente de la Casa Blanca. Se confirma así aquel conocido axioma, con una pequeña corrección: todo gran hombre tiene una gran mujer –si está a su lado, no detrás.