A nivel global, pero en especial en Latinoamérica, los medios de comunicación nos enfrentamos a grandes desafíos para atender a nuestra audiencia. Estamos frente a una crisis de credibilidad: las personas no confían en las instituciones y cada día crece la polarización en la región.

Esto ha sido aprovechado por ciertos grupos para desarrollar estrategias de desinformación, ofreciendo a la ciudadanía una nueva narrativa con la cual identificarse.

Ante este escenario, se enfatiza la importancia del fortalecimiento en la formación de periodistas, actores sociales y sociedad civil para estar preparados en detectar y contrarrestar de manera más eficiente estos embates, que ponen en riesgo la gobernabilidad de los países a través de discursos polarizantes, y que conllevan a la sensación de injusticia, la frustración crónica, la amenaza latente, el miedo y el odio.

Pero, primero debemos entender cuáles son los mecanismos de la desinformación en nuestro país, cuáles son sus canales, cómo es que se disemina entre la opinión pública. Aquí algunos hallazgos recientes obtenidos en momentos cruciales como la pandemia por Covid-19 y las elecciones intermedias de 2021.

En el informe “Medición del impacto de la información falsa, la desinformación y la propaganda en América Latina”, realizado por Global Americans y el Tec de Monterrey se afirma que la desinformación con propaganda de los medios estatales extranjeros es considerablemente menos intensa.

Los análisis del equipo de México de las redes sociales identificaron que la mayoría de la desinformación está impulsada por actores políticos internos divididos en relación con los planes del Presidente López Obrador para el desarrollo futuro de México y no por agentes extranjeros, por ello la situación de la desinformación en México debe entenderse en el marco de una situación política polarizada.

En el tema electoral, Luis Ángel Hurtado Reza, nos señala en su artículo “Fake News, la contragenda mediática en las elecciones del 2021” que la desinformación digital en 2021 fue generada en su mayoría por los candidatos a los distintos puestos a disputarse en esta elección.

La desinformación fluye por distintos canales y permea en todas las capas sociales; los grupos de interés del continente han comprendido que la instrumentalización de las emociones es su mejor arma; ya que explota los sesgos de las personas, que les llevan a creer que la conclusión o posición en cada caso es un proceso racional.

Participar en el debate público es nuestro derecho, sin cortapisas. ¿Qué tal si lo hacemos con algo de perspectiva? Con datos duros, con las emociones en control.

 

Twitter: @dameluna