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Opinión
Nacional
Índira Kempis

Gilberto García toma el micrófono. Con su acento norteño habla francamente sobre la situación que prevalece en el barrio  donde reside en Ciudad Juárez. A sus 23 años, le ha tocado saber de asesinatos bajando del camión, de las extorsiones, de los escasos elementos policiales y de la criminalización de los jóvenes que viven en esas zonas de conflicto, entre muchos otros problemas a los que se enfrenta en su ciudad. Impotencia es lo primero que se asoma en sus ojos, cuando nos relata estas historias argumentando que las cosas no mejoran en Juárez.

Lo grave de esta situación de violencias exacerbadas por las que está atravesando nuestro país, es que Gilberto no es el único joven que puede contar estas radiografías de miedo. Los aproximadamente 28 millones de jóvenes que nos enfrentamos a esta realidad, además de ser blanco del crimen organizado, cargamos con un costal de frustraciones por la ausencia, tanto de los gobiernos como de las sociedades, sobre nuestras necesidades, carencias y demandas. Somos sobrevivientes de un mundo que no construimos y ahora pocos, o quizá ninguno de nosotros, tenemos certeza de qué vamos a hacer con él, o simplemente, nos lo cuestionamos todo el tiempo. 

Conocí a Gilberto en el Primer Foro de Vinculación de Redes de Acción Local para la Transformación Nacional (VIRAL 2012) que finaliza este viernes,  y que reunió a 150 jóvenes de todo el país para reflexionar sobre los temas y las acciones específicas para la prevención social de las violencias y la delincuencia. Un foro hecho por jóvenes que sirvió de espacio para conocernos, entre los que hemos emprendido un aprendizaje colectivo que no es más que una búsqueda experimental de, al menos, intentar cambiar al país. Como bien dice Paola de la Concha del Colectivo Tomate (Puebla), estamos aquí para reconocernos y reconectarnos como los seres humanos que somos. A lo que agrego: en el objetivo común de transformar la digna rabia en mejores mundos para todos y todas. 

Lo que une a los jóvenes que han coincidido en este lugar, son proyectos cuyas actividades han tenido un impacto social en los ambientes rurales o urbanos, no sólo por la complejidad que implica haberlos diseñado e implementado, sino también por poner el foco de atención en novedosas alternativas de solución que distan de los discursos monotemáticos sobre el crudo panorama de muerte, violencia y conflicto que para muchos es ya, una causa perdida. 

Con experiencias como Reacciona Tijuana, Yo Propongo, Jovesmas, Terapet, entre otras, una parte de la juventud mexicana está visibilizando que no va a ser suficiente un buen debate de café, una gran idea o las meras manifestaciones de nuestro coraje cívico para crear el país pacífico y seguro que queremos. Tenemos que emprender acciones que vayan mucho más allá que levantar la voz, porque en este reto colectivo tendremos que levantar las manos, gastar las suelas, poner el talento y usar el intelecto para trabajar por la paz.

Definitivamente, este país tan roto y tan dolido no se va a sanar así mismo si no tomamos la iniciativa para poder exigirnos a nosotros y exigirles a los otros con hechos,  la parte de responsabilidad que nos corresponde.  

El miércoles por la tarde acompaño a Gilberto y al Colectivo Fundamental  a Petaquillas, una de las zonas más “calientes” de Acapulco. Observo el amor con el que todos se entregan a esta clase, como maestros voluntarios e invitados en la comunidad. Sonríen, aplauden, ponen la pauta musical  y les enseñan a los chicos esta canción: “Canta, baila y disfruta… Sigue luchando por un mundo mejor… Vive tu vida libre como un pájaro”. 

A pesar de vivir en un tiempo donde parece que estamos solos en la locura de cambiar lo que está afectando seriamente la calidad de nuestras vidas, hay jóvenes que como Gilberto que nos demuestran que cada día nos cosemos las alas para emprender nuevos vuelos, no como escapando ni huyendo, sino como encontrándonos en la parvada que traza un viaje común al “sí se está y estamos juntos haciendo algo” por transformar a Mexico. 


* Esta opinión no refleja la del periódico

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