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Club América y su amorosa gestión del odio

El hombre que vivía 25 horas al día conectado con el futbol hizo una revelación tajante: “el odio que hay para el Club América es un sentimiento

El hombre que vivía 25 horas al día conectado con el futbol hizo una revelación tajante: “el odio que hay para el Club América es un sentimiento

El hombre que vivía 25 horas al día conectado con el futbol hizo una revelación tajante: “el odio que hay para el Club América es un sentimiento profundo como engañoso, porque no es de rencor, sino de una admiración rechazada”, dijo ‘Panchito’ y emitió una ligera sonrisa.

Francisco Hernández Pineda nació el 14 de mayo de 1927 en Toluca, Estado de México. Hombre con mucha clase para jugar futbol, según reseñan las crónicas de mitad del siglo pasado, y visión nata para proyectar el éxito fuera de la cancha, su mejor estrategia vendedora tuvo siempre una forma esférica.

Seleccionado para jugar el Mundial de Brasil 1950, su liderazgo paternal fue su mejor cualidad, que lo hiciera saltar como excelente futbolista de pantalón largo, primero como secretario técnico, puesto antepasado al actual de director deportivo, y luego como vicepresidente (1969-1996) para este emblema que cumple 105 años en 2021.

Su mejor disparo era el del consejo adecuado y su mejor remate el del ejemplo preciso para cada una de sus lecciones espontáneas, parte inherente de su vocación de eterno profesor y que es parte clave de la historia de las Águilas.

El futbol se juega con la cabeza y se aterriza con los pies”, decía con su voz pausada, “el América despierta todas las emociones posibles porque está hecho para ello… Sí, Héctor, todo eso está calculado, es parte del club. Todos los que somos parte de él, lo sabemos y vivimos para ello”.

“EL EQUIPO MÁS IMPORTANTE DE MÉXICO”

Don ‘Panchito’ era preferentemente llamado siempre así por el cariño que generaba en quienes lo rodeaban, pero no necesariamente era porque fuera bondadoso. Su fuerte carácter lo demostraba en diferentes decisiones, de las que nunca daba marcha atrás.

“Desde un inicio, el señor Emilio ‘El Tigre’ Azcárraga le encargó el equipo a Guillermo Cañedo (de la Bárcena), el primer presidente del club, y él a mi como responsable de los destinos deportivos. No había forma de quedar mal”.

—Había que crear un equipo fuerte…

—No, no había opción, simplemente había que ser el mejor y se consiguió. El América es el equipo más importante de México. Las Chivas de Guadalajara pueden ser quizás en algún momento el equipo más popular, pero el más importante es el América, porque es el único equipo al que lo ven jugar los propios aficionados, pero también lo ve, buscan y pagan los que desean verlo perder. Es el único capaz de mover a fans y antipartidarios. Por lo tanto, es el equipo más importante de esta industria.

LA SIEMBRA DE UNA MARCA

‘El Tigre’ Azcárraga, parte intensa de una dinastía de constructores de una fábrica de sueños –que nació con las radionovelas en la XEW y luego con las telenovelas en Telesistema Mexicano, que se convertiría en Televisa– se propuso una misión difícil, generar la imagen de un equipo que pudiera ser artífice de las historias del futbol mexicano. La mejor locación ya existía, el bueno del cuento también, Chivas, pero faltaba edificar al villano, un Frankestein con perfil ambidiestro y excelente cabeceo.

‘Panchito’ y Cañedo se propusieron poner los ingredientes necesarios.

“Chivas quería tener a los mejores mexicanos. A veces lo consiguió. Entonces había que hacer lo contrario, traer a los mejores extranjeros. Por lo menos, esa fue la propuesta inicial, que tratamos de mantener año tras año. Es el sentido de nuestra marca”, expuso, aunque estos extractos de diferentes conversaciones se realizaron entre 2010 y 2011, cuando sumaba 14 años de no formar parte del club.

“Así, trajimos a todos, y al mejor de ellos, que fue el primero. Era un muchacho muy interesante. No era alto, pero su estatura real estaba en la dimensión de su juego, manejaba los dos perfiles, corría con la cabeza levantada y proyectaba cambios de juego descomunales. Tenía una enorme fuerza de carácter. Eran los tiempos en que los jugadores chilenos no eran muy conocidos en el mundo. Todo fue a raíz de su Mundial en 1962. Carlitos Reinoso fue el arquitecto en el campo de juego, de lo que nosotros proyectábamos fuera de él. La mancuerna perfecta. La filosofía de un juego que debe ser para la afición. Aquí, las formas siempre importan”.

El araucano haría brillar como nadie en la historia del América el ‘8’ en la espalda (1970-1979). Sus dotes y visión magistrales lo hicieron ganarse el apelativo de ‘Maestro’, el cual le acompañaría por el resto de su vida.

De la misma manera, traerían a otros de sus compatriotas, como Miguel Ángel Gamboa (1978-1980) y un argentino emisor de bazucas como fue Osvaldo Castro ‘Pata Bendita’ (1972-1975) y a un volante fino paraguayo como Hugo Enrique Kiese (1975-1978) –combinada con mexicanos de categoría, en especial el ídolo Enrique Borja (1969-1977), arrebatado de Pumas en una contratación polémica, pero donde el romperredes logró tres títulos de goleo–.

CINCEL SOBRE PIEDRA AZULCREMA

Con semejantes aciertos, ‘Panchito’ repetiría el proceso clínico para traer a otros jugadores baluartes del equipo.

“A todos procuramos traerlos así. Luego repetí el procedimiento con el ‘Mister’ José Antonio Roca cuando fue el estratega (1970-74), y después con el propio Reinoso, al llegar su turno (1981-84).

“Así trajimos al brasileño ‘Batata’, a  (los argentinos) Héctor Miguel Zelada (arquero), Rubén Omar Romano y Eduardo Bacas (mediocampistas), a nuestro goleador (Norberto) Outes entre otros… y al ‘Ruso’ Brailovsky. Realmente íbamos por otro jugador, pero vimos que este chico tenía algo especial, era habilidoso y muy inteligente.

“Nosotros llegábamos por el jugador, lo veíamos en un partido y en otro… y en otro. Luego llegábamos de incógnito para saber cómo se comportaba sin que supiera que lo vieran. Luego, íbamos a sus hogares, donde vivían, de sorpresa, para platicar con los vecinos, preguntarles cómo era, luego con su familia. Comíamos con ellos.

“Se sorprendían, porque no sabían por qué hacíamos eso, pero lo que importaba es que nosotros sí. No contratábamos a un jugador, sino a una persona, un ser humano. Cuando contratas a alguien, también lo haces con todo lo que es él fuera de la cancha. No podíamos equivocarnos”.

‘Panchito’ siguió con esta estrategia siempre, al viajar con el director técnico en turno y así siguió hasta 1996, por lo que todavía participó en el diseño del equipo histórico de las ‘Abejas Africanas’ dirigidas por el holandés Leo Beenhakker, campeón sin corona de la campaña 94-95, que rompió récords ofensivos y porterías rivales.

GOLPE DE NOSTALGIA

En la etapa final de su vida, ‘Panchito’ no dejaba ni por equivocación el futbol. Ya sin su oficina en las instalaciones del club, contrataba canales de televisión restringida para ver partidos del mundo desde la comodidad de su hogar.

“¿Ya viste el juego del Ferencvaros? Hay un 10 excelente. Lo único que le falta es encarar un poco más”, dijo una vez el hombre que emuló al misionero ítalo-argentino Renato Cesarini, el verdadero docente del futbol-campo a quien se deben diferentes escuelas del futbol argentino e incluso la de Pumas en el futbol mexicano con su participación en la segunda mitad de los años sesenta.

Igual que él ‘Panchito’ mandó a hacer un frontón en las instalaciones del Club América para que todos los jugadores del primer equipo y fuerzas básicas entrenaran y mejoraran su técnica individual.

“Logramos mejorar a todos. Bueno, con ‘Zaguinho’ nos costó más trabajo.

El hombre que como directivo participó en el diseño y ejecución de dos equipos representativos en la historia del América, el del inicio de los 70 y en los 80, para obtener un total de 17 títulos –ocho ligas, tres Copas México, un Campeón de Campeones, cuatro Copas de Campeones y Subcampeones de Concacaf y dos Copas Interamericanas–, estaba feliz porque a sus 83 años de edad había regresado al América.

El entonces presidente del club, Michel Bauer (2008-2011), lo buscó para tenerlo como asesor y visor de las categorías infantiles.

“Estoy como otro niño que va a la escuelita del América, muy contento”, dijo una semana antes de enfermar.

El 20 de enero de 2011, este columnista tuvo la oportunidad de platicar con él. Esta vez no fue la hora y media acostumbrada de charla telefónica una vez por semana. Todo se redujo a unos cuatro minutos mientras se escuchaba su voz apagada y débil.

“Me siento mal. Me duelen los pulmones. Fíjate que estuve en la charla de Michel con el cuerpo técnico, pero tenían el aire acondicionado muy fuerte. No quería interrumpir, porque era un regaño que le estaba dando a su gente.

“Le hice señas a un chico que andaba por ahí, pero no le supo apagar. Ya ni modo”, dijo y prometió estar de mejor ánimo los días siguientes y continuar la charla.

Después del 24 de enero de 2011 ya no hubo tiempo de compensación. ‘Panchito’ agitó la mano en otro terreno de juego.

Fuentes externas: Columnas del autor en El Heraldo de México, MedioTiempo.com, ESPN y Fan Datos de CID Consultoría

¿Quién es Héctor Quispe?

Periodista y consultor. Dirige CID Consultoría, casa de soluciones en cifras y contenidos enfocados en el fan y su identidad; es MBA en Dirección y Gestión de Entidades Deportivas, por la Universidad Europea de Madrid; tiene la especialidad de Periodismo Deportivo por el Programa Prensa y Democracia de la Universidad Iberoamericana. Coordina el Diplomado de Periodismo Deportivo Digital en la Escuela Carlos Septién García, y da clases en el de Marketing and Communication for Sports Brands, en la Universidad Anáhuac. Su análisis es consultado por diferentes medios en torno a negocios y deporte: Playboy Latam, Red Forbes, MedioTiempo, Expansión, El País, Fox News, Telemundo, Televisa: Noticieros, Foro TV y TUDN, entre otros. Es coautor del libro “Cómo hacer Periodismo Deportivo. Una visión Iberoamericana”, y publica esta columna cada jueves en la multiplataforma de Reporte Índigo.

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