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Opinión

No cabe duda que conforme se aleja el primero de julio y se acerca el primero de diciembre, el nuevo régimen político va agarrando forma y las formas del presidente electo se van aclarando.

Andrés Manuel López Obrador, ganó y su primer movimiento estratégico fue serenar a los mercados internacionales con una serie de declaraciones, nombramientos y actos que dejaron claro lo que sería su política económica. Hasta ahí todo muy bien.

Sin embargo, poco, muy poco se ha dicho de cuando, como y que va a hacer para solucionar uno de los problemas más graves de México: el de la seguridad. Y lo poco que ha dicho, una parte resulta ambigua y la otra preocupante. Lo segundo, es la afirmación permanente de desaparecer el CISEN.

Las naciones, como Estados soberanos,- olvídese usted del régimen-tienen la responsabilidad de salvaguardar los intereses de su país, porque en ellos habita el bienestar de su población, parte intrínseca del Estado.

Dentro de todas las herramientas que los gobiernos utilizan para salvaguardar los intereses nacionales, existe una tan antigua como la comunicación, llamada inteligencia. Y eso es información de valor que le permite a los gobiernos tomar decisiones estratégicas en un mundo de intereses globales y nacionales.

La inteligencia y el CISEN, el CISEN y la inteligencia no es lo mismo. Hay diferentes tipos de inteligencia, y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional es el órgano de inteligencia civil del Estado Mexicano. Así como el ejercito, la marina, la PGR y Hacienda tienen sus respectivas áreas.

En suma el CISEN, se debe a salvaguardar la permanencia del Estado mexicano y los intereses estratégicos del país.

La recolección de información que logre mitigar los riesgos y amenazas de México es su principal tarea. De estos hay muchos, desde pandemias, terrorismo, grupos subversivos- si algunos políticos-, actividades de gobiernos extranjeros en suelo nacional- económicos, políticos, sociales etc. Porque es ingenuo creer los servicios de otros países no operan en México. Pero si, también coadyuva a la lucha contra el crimen organizado. Pero no es su principal función, ni debería.

Por ejemplo, cuando se habla de corrupción, es de vital interés saber si una entidad extranjera utiliza información sobre actos indebidos de algún funcionario para manipularlo y usarlo para sus intereses. Eso también es corromper y traicionar.

Por eso cuando, el presidente electo propone desaparecer el CISEN, y crear una Agencia Nacional de Inteligencia, hay que analizarlo bien y plantearlo mejor. Desaparecer el órgano de inteligencia civil no es opción, punto. Reformar el sistema nacional de inteligencia, no sólo es opción, es necesidad.

No obstante, la propuesta del gobierno entrante de ubicar al ANI en la secretaría de seguridad pública, es regresar al pasado. En eso estoy de acuerdo con algunos expertos que ya lo han notado. Pero sobre todo, porque si hay algo peor que politizar los servicios de inteligencia, como AMLO aquejó en el pasado, “policializarlos” resulta igual o más peligroso. Inclusive sería una tentación para el gobierno, de desarrollar un cuerpo de guardias del gobierno. Ahí está, Rusia y China, por ejemplo.

Ahora bien, la idea de crear o transformar el centro en una ANI, no es la peor idea si se plantea de diferente manera. La mera existencia de un servicio de inteligencia civil, habla de un Estado maduro, fuerte y competitivo. Y en teoría para allá vamos. Por ello, la necesidad de contar con entidades –plural- que provean al ejecutivo de inteligencia se vuelve mayor. Lo cierto es, también, que México no puede contar con una sola institución que se encargue de toda la inteligencia. De hecho, ni siquiera es así en la actualidad. El problema está, en donde hasta en los países con servicios más desarrollados está, y eso es en el intercambio de información para su eficiencia.

Pero para cortar con ese patrón de recelo que entorpecía los procesos interinstitucionales, así cómo para no concentrar todo el poder de la información en una sola instancia, varios países han optado por figuras rectoras pero no centralizadas. Un órgano rector, por el cual transite la inteligencia periférica de todas las áreas; militar, naval, financiera, policial/criminal y civil etc.

El problema en México, en gran medida, han sido tres cosas: el intercambio de información, la rendición de cuentas y la focalización de competencias. Por ello, que la denominada ANI, podría ser un caso de estudio exitoso, sí en lugar de transportarla a seguridad pública, se planteara como un organismo autónomo e independiente. Con una estructura normativa y legal, que garantice una rigurosa rendición de cuentas ante el congreso. Es más, daríamos un paso importante, si se lograra garantizar que los cuerpos responsables de pedir cuentas fueran comisiones legislativas especializadas, que estén conformadas de tal manera que se garantice el equilibrio de fuerzas legislativas. Es decir, que la rendición de cuentas no esté sujeta a mayorías parlamentarias. Más aún, que el eficiente y transparente intercambio de información sea un mandato de ley, lo mismo que su categorización para uso y revisión.

Si el presidente electo y su equipo, de verdad quieren reformar el sistema de la seguridad en general, tienen que plantearlo puntualmente. De lo contrario, será un experimento fallido más. Al tiempo.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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