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Opinión

El sabor a la nostalgia, a ese tiempo pasado, con la hipótesis de lo que pudo ser y con el fantaseo de encontrar las respuestas a falta de un mejor presente, pero con un futuro distante, pero posible, es una fórmula que bien funciona en la ficción, en esas películas que apelan al género del film noir.

Y Edward Norton para nada se iba a quedar con los brazos cruzados, tomó los dos mejores elementos de un solo escenario común, para conjugarlos y lograr una santa trinidad: el jazz, más la Gran Manzana de los 50, dan nacimiento a un ambiente detectivesco, de intriga y de profuda melancolía, ahí fue donde el actor, y ahora escritor y director, tejió Húerfanos de Brooklyn.

Basada en el libro homónimo de Jonathan Lethem de 1999, el autor originalmente tenía este año para el desarrollo de su argumento, pero Norton decidió acoplar mejor el guión a la mitad del siglo XX, y dar esta atmósfera que ahora se ve en el filme que tardó justamente 20 años en realizar.

Con un ensamble actoral excepcional, el cineasta (casi) novel, construye la historia de Lionel Essrog (Norton), un hombre con síndrome de Tourette, que trabaja para la agencia de investigación de Frank Minna (Bruce Willis), quien fallece abruptamente y deja un caso sin resolver, por lo que el discapacitado empieza a ensamblar las piezas pendientes, que le van conduciendo hasta Moses Randolph (Alec Baldwin) concejal urbano de Nueva York que busca crear reformas en opacidad para el desarrollo de la ciudad.

El enrevesado planteamiento de Huérfanos de Brooklyn se hace posible gracias al desglose de su narrativa noir, Essrog es el pensamiento y confidente del público, que de manera realista da cauce a la historia, además de que la música y la urbe neoyorquina son los actores indiscretos que llevan todo a buen puerto.

Los temas que retrata el filme también resultan de actualidad, la segregación racial, la gentrificación y la corrupción al interior de la política estadounidense, sobre todo en un momento tenso mientras sucede el proceso de impeachment a Donald Trump.

Es una pena que la película de Norton ni siquiera esté logrando recuperar su inversión de 26 millones de dólares, ya que desde su estreno el primero de noviembre en la Unión Americana, apenas ha recabado poco más de 10 millones, por lo que queda la duda de si podrá llegar a ser considerada para las premiaciones hollywoodenses del siguiente año.

Huérfanos de Brooklyn es una carta de amor al film noir, hecha con una manufactura indiscutible, que tal vez pase por desapercibida en la actualidad, pero seguro afianzará culto con el paso de los años.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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