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Opinión

Hace 55 años, en las playas de Venice, en Los Ángeles, California, un joven Jim Morrison de 22 años de edad cantaba “Let’s swim to the moon, let’s climb through the tide, penetrate the evening that the city sleeps to hide” a Ray Manzarek, quien quedó asombrado por el talento del aspirante a cineasta, poco después formarían The Doors y desde entonces su música le ha dado la vuelta al planeta entero.

Cuando se intentó utilizar el épico tema “Light my fire”, en 1967, para un comercial de Buick sin la aprobación de Jim, el vocalista fue enérgico cuando se enteró del suceso. Telefoneó a la empresa de autos diciendo que si se transmitía el anuncio televisivo, él saldría en cadena nacional destrozando su modelo Opel con un mazo.

“¡Fue fantástico! Supongo que esa es una de las razones por las que extraño a ese tipo”, recuerda el baterista del grupo John Densmore, en la columna que escribió para The National, en 2002.

El cuarteto californiano nunca otorgó licencia de sus canciones para su uso en comerciales, demostrando que son fieles a una sola causa: nunca corromperse por ser un producto de mercadotecnia; eso persiste hasta el día de hoy

Este 2020, Densmore junto a Robby Krieger, los miembros sobrevivientes de la banda estrenan The Doors: Break on Thru – A Celebration of Ray Manzarek, un concierto/documental en tributo al tecladista que siempre insistió en lucrar con las melodías en spots televisivos.

La columna de Densmore a 18 años de distancia, es un recordatorio de lo que se hace como artista y al valor que se le da a la producción cultural. Justo hace una semana, en México, sucedió algo que nos hace eco a quienes crecimos en los 90, la utilización de “Mr. P. Mosh” como lema comercial ahora del imperio financiero BBVA, que desesperadamente busca ser reconocido en el país como tal para olvidar su anterior nombre, Bancomer.

Por respeto a mis recuerdos, mi nostalgia, pero sobre todo a la música, es que me rehúso a escuchar la nueva versión que se hizo para la empresa bancaria que opera desde Bilbao, Vizcaya. Porque MasterCard me enseñó que las memorias intangibles no tienen precio.

¿Quiénes son los malos de la película? ¿El banco español que busca reconquistar a los mexicanos con su cambio de marca? ¿La agencia publicitaria que tuvo la “fabulosa” idea de usar “Mr. P. Mosh” en el comercial? ¿La agrupación regiomontana por haber sido tentada por el dinero? ¿Todas las anteriores?

Mejor seguir recordando a Plastilina Mosh por lo que fueron, por el hito que crearon, por su aporte musical, que queda inmaculado en el pasado, ahí donde estos chavos de San Pedro Garza García, Nuevo León, apenas tocaban en el Café Iguana y estaban por lanzarse al estrellato internacional con la pegajosa canción que comienza con “Anda pachuco king, señorita linda…” y de ahí pa’l real con ‘Mr. P. Mosh’.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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