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Opinión

El cine mexicano refleja la violencia, podredumbre y hartazgo social, desde la época en que Luis Buñuel se atrevió a filmar Los Olvidados en 1950, múltiples ejemplos continuarían dentro de la historia fílmica, hasta llegar a los tiempos modernos.

Amores perros (2000), El violín (2005) y Heli (2013) son solo algunas de las ficciones que han mostrado el atropello a la vida en México, desde violaciones a cuadro, uso de armas, hasta secuestros, claro reflejo de lo que ocurre en este país.

¿Realmente necesitamos seguir viendo en la pantalla grande este tipo de historias que nos escarmientan en la cotidianeidad? Al parecer, para Gael García Bernal, es prioridad, ya que su largometraje Chicuarotes, hace uso de la agresión a menos de dos minutos de comenzada la película.

La cinta grabada al sur de la Ciudad de México, en los canales de Xochimilco, muestra a dos adolescentes ambiciosos pero ociosos, que se visten de payasos y a punta de pistola asaltan un microbús. Hartos de su precariedad raptan a un niño y aspiran a cobrar una miserable recompensa que no sobrepasa los 100 mil pesos.

Al cuestionar al director del por qué se busca seguir exaltando la violencia en el cine mexicano, él se defiende argumentando que esta es una “fábula”, y que el filme no invita a la agresividad, porque muestra el resultado de las acciones de los personajes, en pocas palabras “el que la hace la paga”.

“Lo que vemos en la película, son las consecuencias graves, las consecuencias terribles que suceden con las acciones de estos personajes, con las decisiones que ellos toman”, comentó García Bernal en conferencia de prensa al presentar Chicuarotes

Parece que la inventiva de los creativos mexicanos se reduce a comedias o historias de drama, ¿dónde está la ciencia ficción, el género de robo y persecución, conocido como Heist en inglés, o los thrillers policiacos en el cine nacional? Habiendo tantas maneras de hacer cine, ¿por qué caer en las mismas ficciones que retratan lo jodido que está México?

El cine de búsqueda artística que se hace en la nación, se va y se presume en festivales extranjeros, se aplaude y premia, aunque abarque temáticas similares, desde hace casi 70 años, ¿a caso nos gusta vivir y consumir la violencia sin cuestionarla?

A ti, que fuiste asaltado en la calle, que te han acosado sexualmente en la vía pública, o que has vivido una situación de riesgo en México, si lo que buscas es revivir ese recuerdo, para eso está Chicuarotes, pero si eso te indigna, evita el largometraje.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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