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Opinión

En esta era de las secuelas, spinoffs, o remakes de clásicos que han estado en nuestra memoria fílmica, es difícil adaptarnos a la premisa de que estas nuevas producciones pueden darnos cobijo como lo hicieron las originales, pero de pronto hay alivio a nuestra ansiedad y llegan largometrajes que están dispuestos a sorprender a la nostalgia.

Toda una carta de amor, un boleto en primera clase hacia el pasado, una oda a la cinematografía de Stanley Kubrick, eso es Doctor Sueño, secuela de la inmejorable película de 1980 El resplandor, considerada uno de los mejores filmes de culto de todos los tiempos.

Doctor Sueño está ya en la perfección, con una estética exquisita, encuadres, atmósferas y sonorización que replican lo hecho por Kubrick hace casi 40 años, aunque bien se pudo haber empleado tecnología CGI en momentos clave y con ciertos personajes, pero fuera de esto, el cineasta Mike Flanagan cuidó todo a un nivel impecable.

Tómese en cuenta que esta es una secuela directa de la película del cineasta neoyorquino, por lo que los sucesos que ocurren en los libros sólo son tomados de manera parcial, y el autor Stephen King está conforme a secas con el producto final, como ocurrió también con la cinta de Kubrick.

En este filme, vemos a un Danny Torrance adulto, acosado por su pasado en el Hotel Overlook, además de que su poder psíquico, que él le denomina como resplandor, sigue vigente, y ahora lo comparte con más personas que le son ajenas en un principio, pero terminan siendo cercanas a él.

Ewan McGregor es el encargado de tomar el rol de Danny, siendo un hombre alcohólico como su padre, y que después de errar por la vida cae como intendente en un hospital de enfermos terminales, es ahí cuando dialoga con los ancianos en cama con su mente y ellos lo bautizan como “Doctor Sueño”, por ayudarles con su paso de vida hacia el más allá.

Flanagan logra con el presupuesto de 45 millones de dólares lo que Terminator: destino oculto no pudo hacer con casi 200 millones, entregar una historia coherente, que es homenaje y tributo a los fanáticos seguidores de El resplandor, que da continuidad legítima al horror de Danny Torrance y su constante deseo de poner punto final a lo sucedido en el Hotel Overlook, aunque esto signifique revivir el trauma de su visita al inmueble abandonado.

Así que Danny volverá a encarar a aquello que más teme, a lo que reside al interior de la habitación 237 y a las gemelas que le invitan eternamente a jugar en los pasillos de la posada afincada encima de un viejo cementerio indio.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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