¡Tu navegador no soporta JavaScript!
Opinión

Antes de que Bilbo Baggins existiera, de que Gandalf fuera su inseparable amigo de aventuras, de que Sauron perdiera el Anillo Único y este quedara oculto en el tiempo de la Tierra Media, pasarían años para que el universo mencionado llegara a salir de la mente de un escritor británico, que hasta ahora es recordado por estas historias singulares.

Primero vino la Primera Guerra Mundial, con ello el delirio del horror, más la fiebre de las trincheras, y en esta atmósfera fue que John Ronald Reuel Tolkien tuvo la visión de una batalla campal, en la que en una era medieval ficticia se discutía el futuro, por obtener la sortija dorada de poder.

Fue así como el cineasta finés Thomas “Dome” Karukoski realizó una ficción del autor de El señor de los Anillos, tomando su vida temprana en el conflicto bélico, y su inspiración para después crear los libros que son ícono de la literatura fantástica internacional.

Tolkien dista de ser un filme biográfico ordinario, lejos de ser complaciente para los deudos del autor, ya que estos no aprueban ni avalan la producción del largometraje, es una metáfora libre de cómo el literato creció en un ambiente de carencias económicas, luchó por un amor casi imposible y además tenía un gusto apasionado por el lenguaje.

Cuando el joven Tolkien encuentra afinidad con un grupo de amigos de su escuela, estos se refugian en la lectura, la música y el estudio, fundando incluso una cofradía semi secreta, el Tea Club and Barrovian Society.

Su palabra código para arriesgarlo todo e ir tras sus pasiones y sueños fue “Helheimer”, una tergiversación de Helheim, el inframundo de la mitología nórdica, esto, con alusión de que no había nada que perder, hasta ir al final y llegar ahí, al reino de oscuridad y el cual significa el infierno para los angloparlantes (Hell, infierno en inglés de ahí deriva su término).

El mismo Tolkien usa el “Helheimer” para dar un vuelco en su vida y dejar sus estudios en los clásicos griegos y romanos, para enfocarse en lengua inglesa y literatura, hasta el escritor más prolífico demostró estar equivocado y admitió su error a tiempo.

Lo mismo ocurre cuando busca redimirse con Edith Bratt, quien posteriormente se volvería su esposa, le presenta la palabra alemanadrachenfutter, la cual carece de traducción, pero que significa ser una ofrenda de paz otorgada entre amantes, con el propósito de apaciguar el enojo de uno de ellos.

Por este tipo de detalles y más es que Tolkien, se vuelve una ficción imprescindible para los fanáticos del escritor y aquellos que quieran saber más de la génesis de sus letras.


* Esta opinión no refleja la del periódico

Notas relacionadas

Ago 22, 2019
Lectura 3 min

CELULOIDE

Celuloide: La historia según Tarantino

Hidalgo Neira


Ago 22, 2019 Lectura 3 min

Ago 15, 2019
Lectura 3 min

CELULOIDE

Celuloide: La única Reina

Hidalgo Neira


Ago 15, 2019 Lectura 3 min

Ago 8, 2019
Lectura 3 min

CELULOIDE

Celuloide: Del silencio nace la risa

Hidalgo Neira


Ago 8, 2019 Lectura 3 min

Ago 1, 2019
Lectura 3 min

CELULOIDE

Celuloide: Las capas nunca pasan de moda

Hidalgo Neira


Ago 1, 2019 Lectura 3 min

Comentarios