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Opinión

La oleada de películas acerca del espacio continúa en 2019, pero ahora desde el nicho independiente, ejemplo de ello fue Prospect, que arribó a Netflix y fue producida el año pasado. Próximamente llegará la súper producción Ad Astra con Brad Pitt, pero mientras High life se encuentra en los circuitos alternativos fílmicos del país.

Esta cinta, dirigida por la cineasta francesa Claire Denis muestra una visión fresca de un futuro distópico en el espacio: hacer algo con los condenados en prisión, y en lugar de emplear a científicos en misiones fuera de la Tierra, se utiliza a reos para la exploración intergaláctica y así dejar de sacrificar a intelectuales en viajes con fines desconocidos.

Pero el problema es que, al fin y al cabo, la actitud violenta, la psique trastornada y el aislamiento, siguen afectando a los ahora encarcelados en una nave dirigida hacia un agujero negro, por lo que la misión peligra al menor resquicio de los pasajeros.

Denis tenía la idea de este filme mucho antes de que Gravedad (2013), de Alfonso Cuarón, o Interestelar (2014), de Christopher Nolan, o Misión rescate (2015), de Ridley Scott, llegaran a las pantallas de cine; la directora había concebido en 2002 el guión con Vincent Gallo en mente para protagonizarlo, e incluso consideró a Philip Seymour Hoffman.

Robert Pattinson llegó al proyecto e insistió en obtener el rol principal, aunque Denis creía que era demasiado joven, pero logró convencerla de que podía encarnar a Monte, el último sobreviviente de la nave, que además, ahora cuida de una niña recién nacida en el espacio.

Además de utilizar la ciencia ficción, la realizadora francesa acompaña su largometraje con toques de horror y sexualidad, algo que se siente orgánico dentro de la producción, al tratar de manera realista la vida al interior del confinamiento espacial.

La producción de ocho millones de euros está cuidada a la perfección, siendo meticulosa en los detalles, además de contar una historia con cambios de tiempo, que se entienden conforme avanza la cinta, manteniendo la tensión argumental en 110 minutos.

High life es un buen ejemplo de que no todo ha sido escrito o dicho acerca de las travesías interestelares en el séptimo arte, también hay otras maneras de narrar e incorporar elementos que damos por sentados y ahora explorar más allá de los límites mentales y físicos, a los que hemos llegado como seres humanos.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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