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Opinión

Quienes crecimos viendo Blade Runner (1982) en televisión durante los años 90, quedamos marcados por todos los referentes culturales que sembró la cinta de Ridley Scott, basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) de Philip K. Dick, pero sobre todo lo que mayor asombro causó fue el tiempo ulterior que se pretendía vaticinar en celuloide.

Antes de ver la primera imagen de un futuro distópico, oscuro y siniestro, desde el punto de vista aéreo de cómo sería la ciudad más poblada de California, entra un título que ya formula lo impensable, “Los Angeles november, 2019” y ahí comienza el recorrido visual de una atmósfera nunca antes vista en el séptimo arte mundial.

Pasaron 37 años y el momento llegó, el futuro es ahora, hoy estamos en ese noviembre que perpetuó Scott con el guión de Hampton Fancher y David Webb Peoples, y aunque los clichés futuristas no se cumplieron ¿qué fue lo que no vio venir esta ficción que sí sucede en nuestro presente?

Hay elementos que nos sobrepasaron en la realidad y que sí nos abruman de manera distópica, como la hiperconectividad en la que vivimos, una exacerbada interacción social que en veces para nada es comunicación, ahí falló la película, pero que sí logró en parte reflejar K. Dick.

Además esa falsa nostalgia por el pasado, paisajes comunes en ruinas, como la urbanidad, o las maneras de vestir que todavía remanecen, es un acento que fue certero en el largometraje de 1982.

Pasaron más de 30 años y lo que temíamos millones de fanáticos de este proyecto sucedió, pero más que miedo, era un escalofrío por sentir que la primera entrega podía ser mancillada, otro futuro estaba por venir, la secuela Blade Runner 2049 (2017).

El canadiense Dennis Villeneuve tomó el timón de la dirección y nos condujo a ese universo indómito, ubicado a tres décadas de distancia, y ahora tomando los temas socio-tecnológicos en un contexto distinto y más palpable a nuestra existencia: la “oveja eléctrica” enamorándose de lo intangible.

Fue darle un sentido humano a lo sintético, ahora los cazadores de replicantes también son “portapieles” que van tras su propia especie, que son androides, pero además tienen la capacidad de amar, porque se relacionan con una tecnología holográfica que es inteligente.

Las máquinas queriendo sentirse como humanos pero también las personas deseando evolucionar, rompiendo el discurso de lo moral para hacerse mejoras cibernéticas, el hombre volviéndose súper máquina.

Ahora faltará esperar 30 años y ver qué realidades del proyecto se hicieron verdad, y afirmar si el existencialismo puede rebasar a la ciencia ficción.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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