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Opinión

Después de Juego de Tronos, nadie esperaba que HBO tuviera otra producción que sorprendiera tan rápido entre sus contenidos, pero días después de su cierre y pasado el mame en redes sociales del hastío por la temporada final, emergió, aparentemente de la nada, una propuesta que destronó a todo lo conocido en el terreno audiovisual.

Con un puntaje de 9.7 de 10 en IMDB, Chernobyl se volvió un fenómeno cibernético con esta cifra, ya que la convirtió en la mejor serie de la historia, por encima de Los Soprano, Breaking Bad, y claro, el drama medieval de corte fantástico recién concluido.

HBO, junto a Sky, produjo la mini-serie de cinco capítulos concebida por Craig Mazin, guionista que en su carrera sólo había escrito comedias de pastelazo barato en Hollywood, con esta producción da un giro de 180° y se reivindica completamente.

El sabor a metal, a sangre, la asfixia, el horror, la ansiedad, el desasosiego después de la catástrofe y una aberración inexplicable, son algunos de los pensamientos que arroja de inmediato el primer capítulo al observarlo. Quisiéramos creer que lo que vemos a cuadro sólo fue un mal sueño, o una ficción inexistente, pero todo fue real, en 1986.

Con las actuaciones magistrales de Jared Harris como Valery Legasov, científico que fue convocado por la Unión Soviética para hacer una valoración de lo ocurrido, y es constantemente supervisado por el burócrata Boris Shcherbina, encarnado por Stellan Skarsgård, se ve cómo la soberbia humana persiste, en un clima errático político, donde es mejor propagar desinformación a la verdad.

Mazin, al crear los guiones de este serial, expuso lo sucedido en la madrugada del 26 de abril, hace 33 años, desde el terreno de los principales involucrados, por lo que el creativo buscó apegarse y ser fidedigno a la historia, no a la oficial, sino a aquellos detalles que estuvieron ocultos en los escombros del reactor cuatro que estalló cerca de la ciudad, ahora abandonada, de Pripyat.

Chernobyl llega para recordar el gran daño que le hicimos y seguimos generando al planeta y que nadie está exento de las repercusiones de la hecatombe. Se estima que tendrían que pasar 20 mil años para volver a habitar el área donde se dio el incidente radioactivo.

Legasov, quien se suicidó dejando un legado de grabaciones inéditas, describiendo las investigaciones censuradas por el gobierno de lo que pasó en 1986, en voz de Harris, cierra la serie mencionando que la verdad siempre esperará a salir a su cauce:

“Y esto, por fin, es el regalo de Chernóbil. Donde una vez temí el precio de la verdad, ahora solo pregunto ¿Cuál es el costo de las mentiras?”


* Esta opinión no refleja la del periódico

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