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Opinión

¡Al fin! Así es, increíblemente, las salas cinematográficas en la Ciudad de México (CDMX) se encuentran abiertas, con una capacidad máxima de su 25 por ciento habitual, utilizando todos los protocolos de seguridad sanitaria, lo cual es para celebrarse en medio de esta crisis sanitaria.

¿Por qué hay que festejar y acudir inmediatamente a las butacas? Porque de eso depende que los grandes estrenos internacionales lleguen lo antes posible, y después de postergarse en varias ocasiones, pues todo indica que sí podremos ver Tenet, de Christopher Nolan, no igual que en Estados Unidos, que llegará el 3 de septiembre, pero sí el 11 del mismo mes.

Y para ir calentando motores, Cinépolis tiene en salas IMAX el reestreno de Interestelar (2014), del cineasta británico, ojalá de paso también traigan Inception (El origen, en español), ya que este año celebra una década de su estreno. De hecho, en la Unión Americana hicieron precisamente este movimiento para incentivar a que el público acudiera a salas y además es un guiño indirecto a que tal vez Tenet pueda ser secuela de este largometraje de ciencia ficción.

Me gustaría vaticinar que hemos llegado al final del apocalipsis, que en verdad podremos tener cine para rato, pero eso depende de todos, de que el semáforo permanezca o baje de naranja, porque de pasar nuevamente a rojo, el cierre de exhibidoras sería de inmediato y probablemente algunas ya ni siquiera puedan soportar el golpe económico para otra reapertura.

¿Qué será del boyante negocio de los autocinemas? Creo que hay nicho para todos, esta será una evolución interesante a futuro, porque bien habrá quienes prefieran permanecer en su auto, antes de sentarse en una butaca por miedo al contagio. Por lo pronto, hoy mismo corro a una sala y viviré la experiencia por completo, ahí les contaré qué tal dentro de una semana.

Estamos lejos de derrotar al coronavirus, pero esto se siente como una pequeña victoria para todos los que de alguna manera estamos inmersos en el séptimo arte, para quienes en verdad veíamos difícil este panorama a futuro; es curioso cómo todo comenzó pareciendo una distopía, que todavía sigue en desarrollo.

Es momento simbólico y metafórico, como decía el teniente coronel William “Bill” Kilgore en Apocalypse now (1979) de inhalar el olor del napalm, de ponerle play a “The end”, de The Doors, y darle un fin a este convulso instante del presente, deshacernos del régimen del coronel Walter E. Kurtz y apoderarnos de la sed que nos ofrece una vez más acudir a salas, ya que esta es solo una de varias economías que necesitan reactivarse cuanto antes.

¿Pero en verdad este es el fin? Esperemos que al menos lo sea por un instante.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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