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Opinión

Dando continuidad a la gran pregunta de la semana pasada y justo ahora que se cumplen 20 semanas (veinte ¿¡enserio!?) del encierro sanitario, ¿cuándo terminará el apocalipsis? Pues primero creo que habríamos de analizar cómo es que comenzó.

Me debatí por un momento, lo recuerdo, de sí acaso era alarmista empezar a hacer una crónica de cómo iba avanzando el problema de salud pública, allá en el lejano marzo, que ahora se siente como si hubieran pasado años, y pensé ¿cómo sería bueno titular a este capítulo que inicia, pero del que desconozco cuando será su final?

Me vino un único título a la mente, ese que tiene un fulgor por sí solo, y para quienes amamos el cine bélico, inmediatamente lo relacionamos con el filme homónimo de Francis Ford Coppola de 1979.

Hablar de Apocalipsis ahora, sería redundante, ya he escrito de ella más de la cuenta y para muestra, se pueden visitar las columnas anteriores como El nuevo apocalipsis y  El sonido del silencio, pero lo que sí puedo decir es, que filmar esa película fue un infierno para el cineasta, ya que duró no meses, sino dos años intermitentes en rodaje.

¿Qué estamos viviendo ahora mismo? Avanzamos al corazón de las tinieblas, el ritmo de cómo va progresando el coronavirus es incierto, así era la filmación de Coppola, entre más se adentraba a las turbias aguas de Filipinas para acabar su película de Vietnam, más se enlodaba su visión como director… y por lo que veo el pronóstico de salud actualmente en el mundo es igual, nadie sabe cómo se podrá erradicar a esta nueva peste moderna.

Y dicho sea de paso, el covid19 cada vez está más cerca de nosotros, la semana pasada me enteré del primer caso directo a una de mis amistades más longevas, no me refiero al primo de un amigo o a la tía de la amiga de la mamá de una conocida, NO, me refiero a un colega de la carrera que es realmente cercano.

Entonces, apocalipsis ¿para cuánto tiempo más? No lo sabemos, nadie lo puede determinar, solo es seguir río arriba, acompañar a Willard en su escabrosa misión para enfrentar al Coronel Kurtz y esperar derrotarlo en la noche, para de igual manera  encararse a sí mismo, y sacar su peor demonio interior.

En lo personal, también decidí nombrar este espacio como Apocalipsis ahora, porque inició el cierre de salas, lo cual es lamentable, ¿cuándo acabará para mí el apocalipsis? Cuando entonces vuelva a pisar una taquilla, pueda acceder a las butacas y cómodamente disfrutar del cine.

Creo que para Coppola, el fin del apocalipsis podría estar cerca, porque él soñaba con la democratización del cine, y aquí una cita directa, de él, en el fabuloso documental Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse de 1991.

“Para mí, la gran esperanza es que ahora con estos pequeños grabadores de video de 8 mm y esas cosas, y algunos… las personas que normalmente no harían películas las van a empezar a hacer. Y sabes, de repente, un día, una niña gorda en Ohio será la nueva Mozart, sabes, y hará una hermosa película con la pequeña cámara de padre. Y por una vez, el llamado profesionalismo sobre las películas se destruirá, para siempre. Y realmente se convertirá en una forma de arte. Esa es mi opinión”.

Redux al pasado

Pues ya que estamos entrados en el asunto vale muchísimo rescatar el documental antes mencionado, Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse, porque el trastorno de la filmación se ve a flor de piel, además ¿sabían que esta película iba a ser dirigida por George Lucas y hasta Steven Spielberg iba a estar involucrado de alguna manera?

Después de haberme desquitado con Mubi hace unas semanas, pues la app ya tuvo un avance significativo tanto en dispositivos Android y en televisión, así que he de reconocer que ya funciona mejor, y aquí se encuentra este testimonial que tiene entrevistas a varios miembros de la película, pero ojo ¡nadie me está pagando! Lo expreso fidedignamente sin caer en un anuncio publicitario.

Para estos tiempos modernos, en donde tenemos claros descontentos a los arquetipos que se han construido social y culturalmente hablando, es bueno revisitar Coming to America, película cómica de Eddie Murphy estrenada en 1988, que habla de cómo un príncipe de la ficticia república africana  de Zamunda, quiere conocer el mundo exterior, sus usos y costumbres.

En teoría este diciembre, llegaría una secuela a más de 30 años de distancia, sin embargo todo es una especulación con los estrenos actualmente, quien quita y esta continuación pase directo a streaming, por ejemplo a Netflix, que ya tuvo tratos previamente con Murphy en Dolemite is my name.

Otra buena comedia inesperada es Midnight run,  joyita del mismo año que el anterior largometraje, y que cuenta con la actuación de Robert De Niro como Jack Walsh, un expolicia que se encarga de ir tras personas de dudosa reputación y cobrar un sueldo por estas pesquisas, prácticamente un cazarrecompensas moderno.

Pero cuando va tras un contador que estafó a la mafia, duda de si su trabajo realmente merezca seguir en pie, ya que el hombre de números le hace reflexionar acerca de su vida e incluso empiezan a volverse amigos, mientras viajan de Nueva York a Los Ángeles vía terrestre.

Las anteriores cintas se encuentran disponibles en Netflix o a la renta en YouTube, su manufactura ya siente el paso de los años, pero su humor, es vívido aun en este presente inesperado que todavía tardará en ofrecernos nuevas propuestas cómicas, con este coronavirus en desarrollo.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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