Han pasado ocho años desde el inicio de la Gran Recesión, pero sus secuelas siguen desenmascarando debilidades estructurales tanto en el terreno político como en el económico. El caso más prominente es el de la Unión Europea (UE).

Una de las principales consecuencias del desajuste económico del 2008, fue el renacimiento de sentimientos nacionalistas. Naturalmente esto se vuelve un problema mayor en una unión económica compuesta por 28 miembros.

La historia hasta el día de hoy es bien sabida. Sin embargo, ésta podría tener un giro importante. 

Uno de los pilares en la recuperación europea ha sido el liderazgo de Alemania, fincado éste en su solvencia financiera, sobre todo si se le compara con sus similares europeos.

El problema en el horizonte es que los pronósticos de crecimiento de Alemania no son tan alentadores. Si a esto le sumamos que otras naciones del bloque prevén tener un mejor desempeño, esto podría minar la autoridad de la canciller alemana Angela Merkel en la UE.

Lo anterior no es trivial. Los mercados parecen reaccionar de forma favorable cuando es impulsada la agenda de austeridad gubernamental, mismos que ha dictado los programas de reestructuración de deudas de Grecia, Irlanda, España, Italia y Portugal y el principal promotor de estas políticas es Alemania.

Otro problema en la agenda europea es la posibilidad de la salida de Reino Unido de la UE. Pese a no compartir el euro como moneda común, el país es un activo importante de la Unión, por lo que su virtual salida sería una baja sensible.

Pese a que el primer ministro británico, David Cameron, renegoció los términos de la estancia de Reino Unido en la Unión, el resultado del referéndum en ciernes aún es incierto y es una amenaza más seria que la virtual salida de Grecia, y una que hace dudar aún más de la sólida cimentación de la Unión Europea. 

La virtual salida de Reino Unido acrecentaría los motivos de los separatistas escoceses a abandonar su país. Uno de los puntos en la agenda de los separatistas es que Reino Unido permanezca en la Unión; de salirse, esto haría reconsiderar su posición respecto a su estancia en el reino y aumentaría la tensión política.

Al caso de Escocia se le suma el de Cataluña. Se vuelve evidente que los descontentos regionales han crecido por el pobre desempeño económico de los países. Se vuelve más común la idea de que dichas regiones serían más solventes por su cuenta que como parte del país al que pertenecen.

El otro tema de la agenda económica europea es externo y es el anticipado aumento de tasas de interés por parte de la Reserva Federal.

Los desequilibrios cambiarios y en los mercados de valores que se estiman como reacción de este ajuste en la política monetaria de Estados Unidos, serían en su mayoría  perjudiciales para las naciones del bloque económico europeo.

La agenda económica de Europa se ve complicada tanto en el ámbito interno como en el externo. A los problemas enumerados se pueden sumar los problemas y desacuerdos políticos de toda la región.