Las crisis duelen. Nos abandonan. Nos lastiman. Nos derrumbamos. Perdemos. Llega una pandemia y ya casi son dos años…

¿Qué hacemos? Nos quejamos. Le echamos la culpa a alguien. Tratamos de sobrevivir.

“Aliviado de la mayoría de los desafíos de la supervivencia, un hombre urbano puede pasarse toda la vida sin tener que ayudar a nadie”, dice Sebastian Junger, periodista y cineasta, autor del libro Tribu.

Después de todo, si seguimos aquí, quiere decir que cambiamos, que nos adaptamos, que ya no somos los mismos, que ojalá seamos –aunque sea– un poquito mejores. Es aquí cuando las crisis adquieren sentido.

Por eso esta crisis que no se acaba y todas las crisis personales, profesionales o globales no son más que una bendición. Sin ellas no habría cambios.

“Cuanto mayor es la crisis más rápida es la evolución”, dice la escritora Elizabeth Gilbert.

Rosa León es el perfecto ejemplo de que las crisis te transforman y te dan herramientas para crear algo mejor.

Hace 14 años, al poco tiempo de nacida su segunda hija, Rosa y su esposo decidieron divorciarse. Esta ruptura la llevó a una crisis profunda donde se replanteó toda su vida. Hubo miedo, coraje, frustración, ansiedad.

Ella detuvo su vida por unos meses. En su búsqueda de respuestas y de ayuda para salir de su crisis personal, encontró su nuevo propósito: ayudar a personas y a organizaciones a sortear problemas de estrés, burnout y depresión para mejorar el clima laboral, la cultura organizacional y la productividad.

Después de estudiar por muchos años, y con maestros como Deepak Chopra, Rosa llegó a Victoria 147 para fundar Pausas, una startup especializada en innovación para el bienestar integral de personas y empresas.

“El éxito es no rendirte y seguir emprendiendo porque en realidad los seres humanos emprendemos todos los días”, dice.

Empezó a tener éxito y a crecer hasta que llegó la pandemia y tuvo que enfrentar una triple crisis. Mientras se vio obligada a parar la empresa, se dedicó a escribir su primer libro. Su sueño era terminarlo rápido para que su papá lo leyera, pero no lo logró: su papá murió antes.

Poco después, su pareja y ella se separaron. La crisis emocional causada por las dos pérdidas la debilitó de tal modo que enfermó de COVID.

“El virus me dejó graves secuelas, como una semi-parálisis en el cuerpo y en el cerebro. Me costaba mucho trabajo hablar, pensar, caminar. Hubo una mañana en que mis piernas no quisieron funcionar y no pude levantarme de la cama”, cuenta.

Cuando los médicos no le dieron esperanzas para recuperarse, Rosa no se detuvo y buscó tratamientos alternativos. Fueron 10 meses de mucho sufrimiento, pero también de mucho aprendizaje.

“Es un tema como de guerrilla, de seguir, de continuar y de sacar la última la milla. Eso es parte del éxito”, dice.

Con esas muchas crisis detrás, Rosa está de regreso. “Como lo demuestra mi propia historia, una crisis tiene el poder para provocar el cambio, llevarte a crear cosas nuevas y a crecer, si estamos dispuestos a vivir el proceso.”

Genaro Mejía es periodista digital y de negocios con más de 20 años de experiencia y LinkedIn Top Voices 2019