En los últimos días, quien se ha convertido en el principal impulsor de la Reforma Eléctrica, después de haber permanecido en un “conveniente” segundo plano, ha sido el director de la CFE, Manuel Bartlett.

Prácticamente en cada foro y oportunidad, el experimentado político ha intentado desmentir algunos de los puntos polémicos que han inquietado de la iniciativa, al afirmar, por ejemplo, que no habrá expropiaciones y que el Estado no es enemigo de la iniciativa privada, o que la reforma propuesta no atenta contra el medio ambiente.

El problema, nos dicen, es que el funcionario, además de no acompañar sus dichos con un respaldo de los mismos, no genera realmente mucha confianza, sobre todo por algunas decisiones arbitrarias que se han tomado desde CFE, en complicidad con la Comisión Reguladora de Energía, y que sí han afectado a los particulares, nos comentan.

El recibimiento que le dieron ayer a Bartlett Díaz en la Cámara de Diputados fue particularmente tenso. Acudió como parte de la glosa del Tercer Informe del presidente López Obrador, y defendió igualmente la reforma; los legisladores de oposición lo increparon para cuestionarlo, no solo por la reforma, sino por muchas de las decisiones en materia energética en el país y que están directamente relacionadas con la empresa que dirige.

Aliados necesarios

El anuncio, hace unos días, de la inversión que proyecta Pemex para la exploración y extracción de petróleo en el estado de Tabasco, la cual sería de 160 mil millones de pesos, según su director, Octavio Romero, sin duda fue bien recibido en la entidad, aunque tampoco deja de generar algunas dudas.

Cualquier inversión de esa dimensión, evidentemente dejará un importante beneficio para los estados, pero, nos cuentan, la estrategia de Pemex es lo que no deja de generar incertidumbre, pues los resultados para el proyecto energético que se pretende aún están muy lejanos.

Precisamente en Tabasco, la tierra del presidente, hay aún un gran potencial para la extracción de crudo que no están aprovechando ni Pemex ni los particulares.

Ya entrados en la segunda mitad del sexenio y con un ambicioso plan de refinación en el horizonte, luce más necesario que nunca que Petróleos Mexicanos realmente busque alianzas estratégicas para la exploración y extracción. ¿Tendrá visión empresarial o seguirán privilegiándose las decisiones políticas?