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Opinión

"Según coinmap.org, unos 2 mil 600 negocios de todo el mundo aceptan bitcoins, con concentración en Europa Occidental, California y NY"

- Robert Samuelson

The Washington Post Writers Group

Denominada “moneda digital”, el bitcoin se originó a principios de 2009 con un programa de software creado por Satoshi Nakamoto. ¿Quién es Nakamoto? Buena pregunta. Se trata de un seudónimo, y no sabemos quién está detrás de él —si es hombre o mujer; un individuo o un grupo; norteamericano, japonés, ruso o de alguna otra nacionalidad—. Pero lo que parece claro es que Nakamoto posee bitcoins por valor de “cientos de millones de dólares,” expresa Jerry Brito, analista del Mercatus Center, de la Universidad George Mason.

Pueden hacerse dos cosas con bitcoins: comprar productos o guardarlos como inversión. 

La primera transacción de compra suele ser adjudicada a Laszlo Hanyecz, programador de computación de Florida, en mayo de 2010, quien persuadió a otra persona a que pidiera dos pizzas a cambio de 10 mil bitcoins. Recientemente, Overstock.com —una tienda en línea— se avino a aceptar bitcoins; el equipo de básquetbol Sacramento Kings hará lo mismo. Según coinmap.org, unos 2 mil 600 negocios de todo el mundo aceptan bitcoins, con concentración en Europa Occidental, California y Nueva York. 

Aún así, hoy los bitcoins suponen un riesgo financiero. Se les cotiza en intercambios electrónicos, en los que la variación de precios es increíble. Cuando Hanyecz compró sus pizzas, los bitcoins quizás valieran menos de un centavo de dólar cada uno. Para fines de 2013, los precios excedieron mil dólares. 

Los fundamentos básicos de Economía nos indican que el dinero cumple tres funciones: es un medio de intercambio, es un repositorio de valor y es una unidad contable. Las violentas fluctuaciones de precios del bitcoin parecen descalificarlo en esas tres funciones.

Fortalezas y debilidades

Lo que ha fortalecido el precio del bitcoin es una locura especulativa y acontecimientos específicos, que aumentaron la demanda. Se dice que la crisis financiera de Chipre, en 2013, hizo que inversores europeos convirtieran euros en bitcoins, como manera de evadir controles y trasladar el dinero al exterior. Los precios subieron cuando Baidu —el Google de China— dijo que aceptaría bitcoins en algunas situaciones. Como es difícil identificar a los dueños, el bitcoin también podría facilitar los delitos, el lavado de dinero y la evasión fiscal. En “Silk Road”, un sitio web de venta de drogas ilegales, se utilizaba bitcoins. 

Para los escépticos (entre los que me encuentro), el bitcoin parece destinado al colapso. No hay nada detrás de él excepto una hábil programación. Es sumamente vulnerable a acciones gubernamentales hostiles. Baidu revirtió su decisión después de que el banco central de China criticara el bitcoin; el Bundesbank de Alemania hizo otro tanto. El FBI develó el anonimato de Silk Road y lo cerró. 

Para los defensores, la analogía habitual con la “burbuja” distorsiona la tecnología y el potencial del bitcoin. 

No reemplazará al dólar ni al euro, dice Brito de Mercatus Center. En cambio, el bitcoin representa una tecnología de pago que compite con Visa y PayPal. En el caso del dinero en efectivo, la mayoría de los sistemas de pago requieren un intermediario para mover fondos de la cuenta de un comprador a la cuenta del vendedor. En cambio, los bitcoins se depositan automáticamente en la “billetera” electrónica del vendedor. 

Jeremy Allaire es director ejecutivo de Circle Internet Financial, una empresa nueva que intenta comercializar el bitcoin. Con el correr del tiempo, Allaire piensa que la volatilidad de precios del bitcoin disminuirá o se protegerá. Dice que el frenético intercambio de bitcoins no responde solo a una especulación sin sentido. “La gente está apostando,” dice. La apuesta es que el bitcoin emergerá como plataforma global de pagos, operando por medio de teléfonos inteligentes, tabletas y otros medios. Ahora hay unos 12 millones de bitcoins; se supone que el software que lo produce detendrá la producción al llegar a los 21 millones. 

Vivimos en una época en que los tecnólogos nos llevan en direcciones que ni ellos ni nosotros comprendemos plenamente. Por eso es tan difícil saber si el bitcoin representa una innovación constructiva, o si es simplemente otra anticuada estafa. 

 


* Esta opinión no refleja la del periódico

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