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Opinión
Índira Kempis

INDIRAKEMPIS

Anita


Jul 20, 2018
Lectura 4 min

Hay algo malo cuando se secuestra y mata a una niña de 8 años. Pero existe algo peor, una sociedad que justifica el delito detrás de los supuestos argumentos que son comunes, si estaba en el lugar equivocado, si la madre tuvo la “culpa”, si Dios así lo quiso o si de plano vivimos en juego de azar del que cada día salimos librados por mera “suerte”. Lo lamentable, el grado de impunidad es tal en nuestro Estado que cada feminicidio y, ahora el primer feminicidio infantil (hasta escalofrío me da escribirlo, pero así es con todas sus letras), tiene que ser justificado porque, prácticamente, no hay escapatoria.

¿Es ésta la realidad a la que debemos acostumbrarnos? 45 mujeres asesinadas en lo que va del año en Nuevo León y la respuesta generalizada es un llamado al cuidarnos entre todos. Sin embargo, en las raíces de cada delito consumado como agresión, violación o asesinato a una mujer, hay múltiples factores que podríamos trabajar desde todas las trincheras para reducir las probabilidades de que esto suceda.

Porque, aunque entendible es la sed de justicia, que más de uno quiera ver colgado en la Macroplaza al agresor o voces proliferan enjuiciando con severidad a las personas involucradas, las pruebas nos remiten a que eso tampoco resolvería el grave problema que tenemos en la sociedad regiomontana.

Hablemos de 3 factores importantes que hacen la circunstancia y al victimario.

Por ejemplo, la infraestructura que rodea a Ana: microviviendas -si es que a eso se le pueden llamar viviendas abandonadas, rodeadas de predios en las mismas condiciones. El abandono será en todo momento una traducción constante de riesgo, peligro, adversidad. Tanto de día como de noche (en horarios nocturnos pensemos en la falta de luminarias o casetas de atención inmediata). Aleja a las personas para que existan más testigos, más ojos en las calles, más personas reaccionando ante cualquier indicio de violencia.

Esto sin contar que algunos infantes cuyas madres trabajan largas jornadas cerca o lejos de casa no son observados con la debida atención. Esto tampoco quiere decir que los sucesos imprevistos no acaezcan cuando sí están bajo un cuidado riguroso. No obstante, los niños y niñas de clases bajas por esas circunstancias son más propensos a ser presa fácil de caminar solos por las calles.

La desinformación también contribuye. Una persona con mayores medios de contacto o recursos económicos podría moverse con mayor rapidez en un caso así. Aunque en la realidad con la ineficiencia o incluso complicidad de las autoridades, también está demostrado que esto sólo reduce tiempos, pero que tampoco significa justicia real, pero pone una barrera importante para que ésta pronta y equitativa para todos los casos.

A todo eso hay que sumarle la omisión continua y repetitiva de las autoridades. Su negligencia hicieron “esperar”, o más bien detener, la búsqueda inmediata de Anita, a quien la policía de Juárez avisó de su desaparición 12 eternas horas posteriores a su rapto.

No. Esto no es de azar. En el 2014 el agresor de Ana ya había violentado a otra menor de edad. Es más, había estado en la cárcel, ¿qué fue lo que pasó? Que reincidió. Y también ahí seguramente encontraremos otros diversos factores para que volviera a hacer lo mismo.

Este Nuevo León que no respeta a las mujeres, que les echa en cara que nosotras somos las que debemos cambiar el comportamiento, “cuidarnos”, ser cautelosas, tomar precauciones, no hablar con extraños, salir vestida recatadamente… Ese es el estado machista que está creando las condiciones perfectas para que cada vez que sucede justifiquemos lo que nos debería mantener alerta en nuestra sociedad para destruir las barreras invisibles que están haciendo al violador y al asesino de mujeres. Que deberíamos estar exigiendo no sólo cada vez que hay medios de comunicación cubriendo la nota roja sino por cada mujer a la que violentan.

Ni Anita ni su madre tenían responsabilidad alguna esa tarde. Más que la de ir a trabajar e ir por un elote. Pero cuando la impunidad existe, la circunstancia hace al asesino. No es un juego de azar. Tenemos que trabajar en anticiparnos porque hoy la lamentable realidad es que somos un estado en donde se asesinan mujeres.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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