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Anaya, Barreiro y el volado

José Antonio Meade, el hombre bueno, el trabajador, el honesto; aquel que no sólo le ha dedicado su vida al sector público sino que no se enteró que desde la Sedesol se desviaron más de 450 millones de pesos, ha decidido aceptar que un golpe con intenciones mortales se ponga en marcha no sólo en […]

José Antonio Meade, el hombre bueno, el trabajador, el honesto; aquel que no sólo le ha dedicado su vida al sector público sino que no se enteró que desde la Sedesol se desviaron más de 450 millones de pesos, ha decidido aceptar que un golpe con intenciones mortales se ponga en marcha no sólo en contra de su archienemigo sino de quién lo sucede de facto en las encuestas nacionales y a quién no logra superar.

El problema está en que el golpe, no es golpe, es la “intentona”.

Es decir, es de aquellas operaciones que pueden o salir muy bien o salir muy mal, y bien dicen que no hay peor golpe que el que no pega.

Por eso, cuando uno se pregunta qué es lo que hay detrás de las acusaciones de Ricardo Anaya y de un poco conocido empresario llamado Manuel Barreiro, no es de sorprenderse que sea casualidad oportunismo y una enorme credibilidad en la fe, que en tiempo de Poncio Pilato y el PRI, resulta ingenua.

¿Por qué, quien es Manuel Barreiro? No lo sé a ciencia cierta. Pero diversas fuentes mejor informadas sugieren lo siguiente.

Lo más importante; Ricardo Anaya, el niño maravilla es sólo consecuencia de factores mayores. ¿A quién le importaría un empresario queretano, que lo único que tiene es dominio territorial sobre algo que el establishment económico priista sólo puede tener con un gobierno federal -priista? Pues a ellos mismos. Los mismos que a través del urgido secretario – por una senaduría, es decir un fuero constitucional- Gerardo Ruiz Esparza, piden a gritos conservar un negocio que constituye más de diez mil millones de dólares anuales (el aeronáutico y de desarrollo). Y que se encuentra alojado en una bastión, que a menos que gane el PRI, estará en manos de un gobierno estatal panista y uno federal, lejano al PRI.

Es suficiente entender las causas por las cuales se estaría utilizando el aparato del Estado, dígase la Procuraduría General de la República, a cargo de un procurador que en realidad carece de la aprobación legislativa para ejercer cómo tal; para interceder en un proceso democrático.

Es claro, Manuel Barreira, un chivo expiatorio más, está en medio de una disputa de entre una cúpula económica que incluye a José Calzada Rovirosa; su primo, Mario Calzada e incluso a empresarios chihuahenses allegados a Cesar Duarte para abogar de manera política intereses económicos de la zona estratégica de Querétaro. ¿Qué les da miedo? Lo obvio. Que su candidato, José Antonio Meade nada más no levanta y así la moneda que está en el aire es la zona económica más atractiva del país, Querétaro. No Ricardo, no eres tú, en realidad eres un chivo expiatorio o quizás lo que importa es negociar que será de tu tierra natal si Morena o tu coalición gana la elección. Pero mientras tanto, dejémonos de ruido mediático; esto no es político, es que una célula económica estratégica del PRI, que quizás hoy se encuentren en las capitales económicas no quieren ser reconocidas o re-aceptadas por quienes les dieron vida.

No obstante, sí de algo no hay duda es que la utilización de los aparatos del Estado, como los fiscales, resultan una estrategia política muy arriesgada. Fíjese usted en cómo la política de “peloteo” a James Comey, el infame ex director del FBI, al investigar a Hillary Clinton, salió mal, tan mal, que a pesar de los errores de nuestro canciller, nuestra única palanca en la Casa Blanca se desmorona.

Ahora imagine usted, que esa era la apuesta del PRI.

Utilizar, desesperadamente el aparto del Estado para derribar a un contrincante. Sí lo logra, y eso sería no sólo sacarlo de la contienda, sino encontrar elementos jurídicos para procesarlos entonces sus verdugos serían quemados en la plaza de la opinión pública. Por tanto que si el PRI intentó hacerla así sólo aventó un volado al aire, porque de no encarcelar y evidenciar al joven maravilla, sólo habrán conseguido evidenciarse a sí mismos y aventado una moneda al aire, dándole gratuitamente el mayor volumen mediático de su historia pública a Ricardo Anaya ¿Fue AMLO, echando siesta el único que entendió el desastre del equipo del PRI? ¿O de veras no quieren que Meade gane? Al tiempo.

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